Mi valoración personal de la reunión del EEC (Espacio de Encuentro Comunista), del 26-S.

@VigneVT

Mi valoración personal de la reunión del EEC (Espacio de Encuentro Comunista), del 26-S.

Imagen: Treptower Park (o Treptower Memorial) Berlín
Flickr Images of Communism

Lo que sigue es una valoración-reflexión muy personal y subjetiva de la reunión del EEC el pasado 26 de septiembre.

Encontrar lo que nos une

Acerca de los comunistas, alguien me decía hace poco: “camarada es la gente de tu partido; los demás solo son compañeros”. ¿Será?
En absoluto estoy de acuerdo con esta lectura tan restrictiva que se me antoja corta de miras y que desde un malsano corporativismo de partido, desdibuja lo que significa la identidad política comunista. Hasta diría que es una valoración políticamente nociva. Para un comunista, “camarada” no solo es (o al menos no debiera ser) aquel que milita en su misma organización; también lo es el que, compartiendo el corpus de ideas básicas, milita en otras organizaciones o incluso no está integrado en partido alguno. A pesar de las contradicciones, enfrentamientos, fragmentaciones patológicas, fobias, desencuentros frecuentes, animadversiones enquistadas… entre los comunistas, existe una fraternidad básica que emerge de ideas compartidas (esfera racional) y de sentimientos profundos (esfera emotiva), y que conduce a identificarnos como fraternos cuando nos encontramos. Porque hasta sería contradictorio ser internacionalistas hasta la médula como somos, y a la vez no ser capaces de ver más allá del estrecho marco que circunscriben los partidos concretos por muy importantes y valiosos que sean algunos de estos.
Hago esta reflexión porque si alguno me pregunta por el EEC (Espacio de Encuentro Comunista) del pasado día 26 de septiembre, si tuviese que resumirlo yendo a la esencia, diría: nos hemos encontrado camaradas que se han reconocido como iguales entre sí, por encima de cualquier otra diferencia y circunstancia. ¿En serio os parece poco?

Aquellos que parecen abonados a la queja por la queja, a la permanente insatisfacción y que hasta se declaran en divorcio con su propia sombra cuando la contemplan, esto les parecerá poco, insignificante. Cuando publiqué la entrada ¿Por qué apoyo el encuentro comunista de Madrid?, alguien en un comentario despectivo se planteaba si esto iba de “Una asamblea amorfa, un simple espacio de debate, otro grupo de terapia psicológica al estilo de lo que fueron las asambleas del 15-M”. No creo que la mayoría de los comunistas necesiten esa “terapia psicológica”, entre otras cosas porque la fortaleza mental es un rasgo que les caracteriza; si acaso algunos necesitasen tal terapia (los menos) serían aquellos que son muy dados al ‘yo tengo la verdad absoluta y todos los demás están equivocados’, y cuya existencia transcurre focalizada más en el mundo onírico que en el mundo real.

Sin embargo, una de los aspectos más notables del EEC es que todos tienen cabida en él, también estos últimos. Y para que esto resulte factible, todos deben hacer un esfuerzo por dejar el cuchillo en casa y asumir que encontrarse significa estar dispuestos a un diálogo honesto, sosegado y muy respetuoso, desde una voluntad de generosidad, escuchando a los demás e intentando comprender los puntos de vista de otros que a lo mejor no son los puntos de vista propios. Asumir esto conduce a que podamos encontrar lo que nos une, que es mucho más que lo que nos separa. Tal es la filosofía práctica que creo haber visto en la reunión del EEC y en la razón de ser de la iniciativa. Y a quien tenga la tentación de pensar que esto es poco, le pregunto: ¿cuándo se ha hecho algo así? Por ello me parece un planteamiento novedoso y necesario hoy más que nunca.

Como iniciativa abierta, lógicamente el EEC necesita ir ajustándose, perfilándose, tomando forma. Es posible que el que haya asistido haya percibido (quizás) el conjunto de intervenciones de los asistentes como una mezcolanza de ideas muy variadas y dispares, sin un hilo conductor sólido, con cierta ausencia de nitidez… Pero esto es precisamente una consecuencia del carácter abierto y una garantía de que el EEC irá tomando forma colectivamente, sin los clásicos personalismos que actúan desde trastiendas y escenarios opacos. En este sentido, a pesar del ruego inicial de que las intervenciones se ciñesen a los temas, habló el que quiso y expresó lo que consideró oportuno. De esta forma se pudo percibir el juego diverso de expectativas  y posicionamientos bastante variados. No deja de ser positivo y necesario, ya que en una primera reunión me parece importante que cada cual haya puesto sobre la mesa lo que piensa y espera, aunque en ocasiones haya quien se desvíe del punto a tratar .

El peso de Madrid

Siendo la reunión en Madrid, es lógico que se notase una fuerte presencia de militantes y ex-militantes madrileños. Lo cual no deja de ofrecer un cierto riesgo que estoy seguro que el EEC sabrá neutralizar. Madrid siempre ha sido muy importante para la izquierda, ya desde los tiempos de la Transición. Pero también desde siempre, la izquierda madrileña (hablo de izquierda en general) se ha caracterizado por vivir en el lío y conflicto crónico. Algunos de los problemas que afectaron y/o afectan a la izquierda madrileña es cierto que competen a todos y que trascienden el marco madrileño, pero hay otros muchos problemas que son estrictamente locales y que no deben de tener proyección sobre el conjunto. La expansión del EEC en otras comunidades debe evitar este sesgo madrileño y por lo que vi y escuché creo que hay conciencia y voluntad del EEC por impedir que se dé. [Nota autocrítica: es verdad que a los que somos de otras comunidades nos gusta hablar de los líos de Madrid y del “manicomio” político que a veces parece la izquierda madrileña desde la Transición. Pero también es vedad otra cosa: que en todas partes cuecen habas y que lo que criticamos a la izquierda madrileña se da también en otros muchos sitios sin que le otorguemos la misma atención.]

¿En búsqueda del partido perdido?

Entre las numerosas intervenciones, se escucharon algunas voces que lo que venían a expresar era la necesidad de construir un partido comunista, un planteamiento que me parece equívoco. Dos cosas sobre esto:

Por un lado, creo que el EEC ha dejado claro que la construcción de un partido no es el objetivo, como tampoco lo es presentarse a unas elecciones. En tanto que herramienta colectiva que sea capaz de articular a militantes y no militantes, el EEC no puede ser un partido. Así lo entendí y me parece muy correcto.

Por otro lado, entiendo que muchos camaradas tengan cierto sentimiento de orfandad de partido o que, simplemente, rechazando lo que hay, aspiren a formar parte de un partido que les convenza y que todavía no existe. Pero se llamarían a engaño si viesen en el EEC la posibilidad de satisfacer estas aspiraciones. Aunque el EEC deba afrontar ahora cómo resolver la forma de organizarse, el camino a construir no corresponde con lo que muchos de estos camaradas pueden estar esperando, de manera que es importante que comprendan que el EEC ni es (o no debiera ser) el sustituto ni del partido perdido ni del partido añorado o deseado. Esta cuestión me parece fundamental.

El EEC, ¿incompatible con la militancia en partidos?

Ligado a lo anterior está la duda de si la pertenencia al EEC es compatible o no con la militancia en un partido determinado. De hecho hay personas que me lo preguntan. Después de la reunión del 26-S, entiendo que se ratifica la idea expresada en la convocatoria: el EEC está abierto a militantes y no militantes, ya que se pretende construir un marco integrador. Poco importa que se tenga un carnet o no.

Sin embargo, observando que muchos de los asistentes eran o fueron hasta hace poco militantes (algunos seguimos siéndolo), me parece esencial tener muy en cuenta que cada uno de nosotros llega a título estrictamente personal. Nos encontramos personas, camaradas, que precisamente pensamos que para que tal encuentro sea factible debemos trascender el estricto y limitado marco corporativo de partido. Buscamos una herramienta más allá de los partidos y de la vida política centrada en dinámicas electorales.

El difícil problema a resolver, un problema de todos.

Es obvio que un comunista aspira a construir una sociedad socialista. Por mucho que se maquille y ofrezca rostro seductor, rechazamos cualquier forma de capitalismo. Pero el gran problema a resolver es cómo hacerlo. Tenemos muy claro que nos encontramos en “A” y que queremos llegar a “B”, pero nadie a día de hoy tiene una idea concreta de cómo llegar desde A hasta B; es decir, del camino a recorrer entre A y B. Y casi diría que afrontar este problema es la gran razón de ser del EEC, siendo un problema que debemos resolver colectivamente y que en absoluto resulta fácil.

El griego Antonis publicaba no hace mucho un artículo en leninreloaded.blogspot.pt y que publicamos traducido en el blog del viejo topo con el título ¿Qué es “la Izquierda”? Diez observaciones”. Básicamente lo que plantea el autor es el callejón sin salida en el que se encuentra la izquierda: entre un reformismo fracasado que aunque se plantee ser transitivo (teóricas transiciones largas y muy lentas hacia el socialismo) lo cierto es que acaba fortaleciendo la maquinaria de dominación capitalista una y otra vez, y las dificultades aparentemente insalvables de operar una ruptura. ¡Difícil problema a resolver! En el fondo se trata de lo que decía más arriba: cómo trazar un camino concreto, creíble, empírico, verificable… entre A y B.

No es fácil saber cómo podemos romper ese nudo gordiano, cómo solucionar el problema. Ningún partido tiene la solución más allá del plano retórico. Pero de algo sí estoy seguro: solo colectivamente seremos capaces de encontrar una salida. Y ello requiere que previamente… ¡nos encontremos! Y es precisamente esto una de las mayores fortalezas potenciales que tiene el EEC.

Profundizar en la cultura comunista

Hace poco, en “Contra la izquierda. La izquierda como problema de la izquierda”, planteaba las carencias de la cultura política que nos caracteriza a los comunistas y a la izquierda en general. Una idea por muy buena que sea, al final el factor humano es el decisivo porque las ideas no se desarrollan solas.

Quizás por mi condición de antropólogo, la cuestión de la cultura política me interesa y preocupa especialmente. Necesitamos profundizar, pulir, mejorar, desarrollar… una cultura política acorde con la naturaleza anticapitalista de la izquierda comunista. Si somos sinceros, deberíamos reconocer que este factor falla una y otra vez, aunque luego nos guste culpar a otros de nuestros males.

Precisamente por lo que acabo de decir, creo que el EEC pudiera llegar a ser el germen de esa nueva cultura política que necesitamos (nueva no porque sea nueva, sino porque debe ser sustancialmente mejorada y desarrollada). En Madrid percibí pinceladas de esto, flashes de esas necesarias coordenadas en las que deben estar la cultura política comunista. Y aunque soy consciente de que muchos despreciarán esto que digo, estoy convencido de que precisamente tal debe ser el punto de partida (además, por supuesto, de un posicinamiento político básico y compartido).

Nico García Pedrajas, a quien me encantó conocer (lo mismo que al resto de los camaradas que no conocía), lo expresaba muy bien en “Una reflexión sobre la primera reunión del Espacio de encuentro comunista: No estamos solos“:

la necesidad de recuperar la cultura de la colaboración entre camaradas. Estamos demasiado acostumbrados al recelo y la desconfianza y a ahondar en las diferencias en lugar de preocuparnos en lo que nos une.

*  *  *

Pretendía escribir una especie de crónica de la reunión del ECC. Me temo que me ha salido otra cosa distinta, un cuadro expresionista a base de pinceladas que vienen a expresar mi valoración pero sobre todo la reflexión que puedo realizar a raíz del encuentro del 26-S.

Sinceramente creo que necesitábamos algo así y ahora toca que el ECC vaya tomando forma y se vaya perfilando. Si somos capaces de cambiar el chip, de pensar y actuar desde esa cultura de la colaboración que menciona Nico, entonces estoy seguro que estaríamos comenzando a construir una poderosa herramienta de transformación.

Los neofeminismos capitalistas de la desigualdad, ¿mejores pero separadas?

Por Mariola García Pedrajas

En la larga noche ideológica que ha vivido (¿vive?) la izquierda occidental, aparentemente la única que se tragó aquello del fin de las ideologías y en su inmensa mayoría renunció a continuar con su propia batalla de las ideas, aquellos que promovieron tal idea, la del fin de las ideologías, han seguido por el contrario muy ocupados intentando crear tanto consenso como sea posible en torno a las opiniones que favorecen los intereses que representan. Como ninguna izquierda de peso se dedicaba a seguir construyendo una senda propia y al final por algún sitio hay que transitar, digan lo que digan no hay práctica sin teoría, la izquierda lleva tiempo andando alegremente por senda ajena. Es esta la senda construida con mimo por el propio sistema desde sus think tanks, fundamentalmente los que se trabajan el ala izquierda con la intención de asegurarse que no existan espacios desde los que se cuestione lo principal, el propio sistema capitalista. Uno de los temas en los que parecen haber conseguido crear un nivel importante de consenso en torno a unas posiciones que son perfectamente compatibles con la explotación capitalista es el de la lucha por la igualdad de la mujer.

En los tiempos de la lucha contra la segregación racial en EEUU los racistas se inventaron aquello de “iguales pero separados”, decían no oponerse a la igualdad de derechos entre negros y blancos pero señalaban que eran mundos distintos y había que luchar por la igualdad pero manteniendo esos dos mundos en su estado natural que era el de la separación. El sistema se ha inventado, y promueve constantemente, un supuesto feminismo basado en una argumentación similar, sólo que dando un pasito más allá y actuando en buena lógica de publicidad empresarial, y así surgió el “mejores pero separadas”. Evidentemente si quieres que las mujeres te compren el producto, sin preguntarse qué hay debajo del envoltorio, que mejor táctica que hacerles la pelota. Y lo cierto es que el “mejores pero separadas” le funciona de maravilla al sistema en todos los sentidos, es eso de lo que tanto les gusta hablar a los anglosajones, una situación win-win. Por un lado es una argumentación que los hombres en la izquierda que quieren pasar por defensores de la igualdad sin complicarse para nada son raudos en adoptar. No tienen empacho alguno en proclamar que las mujeres somos más mejores, más listas y más todo, y como se supone que el análisis de las desigualdades y la organización de la lucha en este tema recae enteramente en las mujeres, ya que ellos no pueden entenderlo, pues tan ricamente y a otra cosa mariposa. En cuanto a las mujeres, acostumbradas a discriminaciones y desigualdades pues la idea de que somos mejores debería reconfortarnos, ¿verdad? ¡Para qué queremos más! Vamos, todo un éxito publicitario en la izquierda. Lo que me desanima es que en tiempos del muy racista “iguales pero separados” había todo un movimiento, con su batalla de las ideas, que exponía con claridad como el “separados” llevaba implícita la desigualdad pero, ¿qué movimientos hay ahora que hagan la misma tarea y expongan las trampas del “separadas” (aunque mejores por supuesto)?

A mí ya de entrada en este argumento de que “somos mejores” y “lo hacemos mejor” hay algo que desde siempre me ha chirriado mucho y me resulta de los menos igualitario. ¿Solo se nos deben dar las mismas oportunidades que a los hombres porque se supone que lo vamos a hacer mejor? ¿Y si resulta que en conjunto lo hacemos igual, de bien o de mal? ¿Entonces no? A ver si me explico, yo no creo que deba tener las mismas oportunidades de contribuir con mis capacidades que un hombre porque piense que lo voy a hacer mejor que un hombre sino aunque al final lo acabe haciendo tan rematadamente mal como lo hacen la mayoría de los hombres, esa es la igualdad y esas son las muchas limitaciones del ser humano. Pero no esperen que desde los laboratorios de pensamiento del propio sistema se haga ningún tipo de análisis crítico de sus neofeminismos. Poco les importa si lo que promueven lleva o no implícita la semilla de la desigualdad, ya que el objetivo último que se persigue no es promover una sociedad más igualitaria sino restringir la lucha por la igualdad de la mujer a aquellos aspectos que sean perfectamente compatibles con el sistema capitalista.

Siento este el verdadero objetivo, se fomenta mucho el asociar la idea de lucha por la igualdad con la de que haya mujeres que alcancen lo que se considera el éxito dentro de la sociedad capitalista. Se fomenta apoyar cualquier “logro” de una mujer. Hace no mucho tiempo me di de bruces con un documental en el que estaban analizando la promoción de modelos entre las jóvenes de hoy que las lleva a estar obsesionadas con el físico. Se analizaba la cosificación de la mujer en la sociedad sexista, todo muy bien y muy interesante y una postura que compartía. A continuación las autoras del documental pasaron a exponer qué tipo de mujeres consideraban que serían los modelos adecuados a promover entre las jóvenes. Afirmaban que debían ser mujeres cuyos “éxitos” no estuvieran relacionados con el físico, ¡ como Hillary Clinton y Condoleezza Rice! Yo creo que no debemos ser muy duros con las mujeres de Libia si no muestran un entusiasmo exagerado ante el “modelo” Hillary Clinton. Esa gran mujer que tras la destrucción de Libia y el asesinato de Gadafi exclamó como un Julio Cesar cualquiera, aún embargada por la emoción ante tan resonante triunfo imperial, “Vinimos, vimos y él murió”. Tampoco debemos enfadarnoss mucho si la emoción que expresan las mujeres iraquíes ante el “modelo” Condoleezza Rice es igualmente limitada, a cientos de miles de ellas los suyos, los de la Rice, le trajeron la misma igualdad que paz traen, la de los cementerios. El sistema capitalista y el imperialismo soportan perfectamente a una mujer en puestos importantes de gestión, si no que se lo digan a Margaret Thatcher o Angela Merkel. No solo lo soportan perfectamente sino que hasta le encuentra utilidad, mientras la explotación no hace sino intensificarse se promueve la idea de que las mujeres en occidente cada vez “estamos más cerca” “fíjate hasta donde podemos llegar”. Vamos, más o menos como argumentar en su día que en una plantación de esclavos se estaba avanzando en la igualdad racial porque un negro había sido ascendido al importante puesto de supervisar los latigazos a los esclavos díscolos, mientras que en otras plantaciones ese importante cargo lo seguía ocupando un blanco.

Dirán que muchas mujeres de la izquierda adeptas al “mejores pero separadas” no llegarán al extremo de las autores de este documental estadounidense de presentar como modelos a las Hillary Clinton y Condoleezza Rice de este mundo. Probablemente no, aunque la posición de las feministas eurocéntricas que se consideran de izquierdas no desagradaría en lo más mínimo a las Hillary Clinton de este mundo. Pero ese es otro tema que me propongo analizar en otro artículo, como al ser un feminismo promovido por las clases dominantes es fácil de utilizar por éstas para disfrazar la lucha por sus intereses, interna y externamente, de progreso, y el papel de tonto útil que tan bien hace la izquierda en todo esto. Aquí lo que quería discutir es otro asunto, que aunque no se llegue a esos extremos, el enfoque más común que se le da a la lucha por la igualdad desde la izquierda no difiere sustancialmente del de dicho documental. Si se dan una vuelta por los medios de comunicación de la progresía, los exponentes de la visión de esta “nueva” izquierda de los ciudadanos y la gente, se encontrarán constantes referencias a cuestiones como que el número de mujeres en los consejos de administración de las empresas es muy inferior al de hombres. Este es el marco en el que suelen encuadrar la lucha por la igualdad.

Veamos un ejemplo concreto, la información sobre el hecho de que en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) el porcentaje de cargos ocupados por mujeres es muy inferior al de hombres, que apareció en todos los medios de este tipo. Hay que ver en los bretes que nos mete el dichoso sistema capitalista. No es que yo me oponga a que en un organismo público de investigación se luche para que las mujeres puedan acceder a cargos de responsabilidad igual que los hombres, ¡faltaría más! Pero lo cierto es que esta guerra sigue sin ser mi guerra, porque no cuestiona para nada lo que yo considero crítico desde un punto de vista de clase trabajadora, ¿al servicio de qué intereses está la investigación científica? Es triste que luchemos por ocupar cargos y relevancia para ponernos al servicio de que, cada vez más, poderosos intereses económicos privados, por ejemplo de las multinacionales de la agroindustria o de las empresas farmacéuticas, sean los que moldeen la investigación científica, y además promover la idea de que esta venta a intereses privados es “transferir los beneficios de nuestro trabajo como investigadores a la sociedad”. Lo cierto es que la preselección que el sistema hace de las mujeres no es distinta a la que hace de los hombres, las visiones críticas que se admiten son las que no vayan a ninguna cuestión fundamental. Esto es algo que funciona bien, otra situación win-win, la persona puede verse a sí misma como crítica pero tiene perfectamente asimilados los límites de esa crítica, y el sistema sabe que está seguro. En honor a la verdad, el debate del que yo hablo ni siquiera existe, la actitud general es que la investigación científica es buena por naturaleza y está siempre al servicio de la “sociedad” (no nos aclaran si anónima o limitada) ¿qué más análisis hay que hacer? No es necesario afinar mucho con la preselección. Lo dicho, esta no es mi guerra, y como el tiempo y las capacidades de una persona (hasta de las mujeres, aunque seamos mejores…) son limitadas, no es algo a lo que vaya a dedicar mi esfuerzo ni mi tiempo libre. A decir verdad esta información también apareció en los medios de la derecha ilustrada, es perfectamente degustable para los paladares más exquisitos del sistema capitalista, y es más, el enfoque que le da El Diario no se diferencia en nada del que le da El Mundo. Por supuesto en estos temas existe aún una enorme resistencia dentro de los sectores más tradicionales de la derecha. Pero eso tampoco es malo, también es utilizable, ante esto qué tenemos que hacer sino unirnos todas contra esa panda de retrógrados y luchar juntas…. ¿para qué haya el mismo número de mujeres que de hombres en los consejos de administración de los bancos?

Me dirán que lo que digo no es cierto y que en esos medios de comunicación y ambientes que menciono también hay una preocupación por la mujer de clase trabajadora. Pues en primer lugar no les veo yo mucha tendencia a hablar de mujeres de clase trabajadora sino de “las mujeres que sufren la crisis”, y qué decir de lo que promocionan como grandes logros, básicamente la implementación de alguna política asistencial. Antes de que vengan los y las cortoplacistas a echarme la bronca de que las mujeres que sufren la crisis necesitan una solución ya, pretendiendo con eso que a mí no me importa las situaciones reales de “emergencia social” que se viven, les diré que esas políticas asistenciales pueden venir a paliar situaciones concretas, de la misma manera que las llevan paliando años organizaciones como Cáritas, no pretendan que es más que eso. Les diré más, estoy convencida que la izquierda revolucionaria tiene que “majarse la cabeza” buscando formas de actuar en su entorno social, pero nuestras posibilidades de acabar ya con el sufrimiento de nuestra clase son nulas, no caigamos en el absurdo de ante esa imposibilidad unirnos al coro de los que la engañan. En definitiva, que el lenguaje que usan es simplemente el de las políticas asistenciales y una hipotética recuperación de un hipotético estado del bienestar, presentado cada vez más como retórica que como convencimiento de que tal cosa sea posible, enfrentados a la crudísima realidad que nos muestra Grecia. No hay en esto visión alguna de la mujer de clase trabajador como una igual en lucha. Si me dicen que esto tiene algo que ver con las luchas de las mujeres de clase trabajadora contra su explotación, hemos pues de considerar a la iglesia católica una campeona de dichas luchas a través de organizaciones como Cáritas.

Como nada surge de la nada y, aviso a cortoplacistas extremos, crear opinión lleva tiempo, la batalla para crear un amplio consenso en torno a una visión feminista que pudiera aparentar progreso en las cuestiones de igualdad pero compatible en todo punto con el sistema capitalista, como todas las demás, no la empezaron ayer. Mi primera exposición a unas ideas en la que ya se observaba la orientación de lo que acabaría siendo la visión dominante fue hace ya más de 20 años, a través primero de una estadounidense y después de una inglesa, que se presentaron a sí mismas como “feministas militantes”. Es lógico que las ideas promovidas por las élites capitalistas aparezcan primero en el centro mismo del capitalismo, EEUU, y tengan su primera zona de influencia en el mundo anglosajón. Básicamente la idea central que avanzaban los planteamientos de estas mujeres, que tanto chocaron con mi concepto de la búsqueda de una sociedad igualitaria, era que existe un universo femenino y un universo masculino, prácticamente sin puntos de contacto, y sin entendimiento posible. La estadounidense insistía mucho en que había habido un feminismo “erróneo” que lo que había hecho era presionar a la mujer para que entrara en el “universo masculino”. No es que ella se opusiera a que las mujeres tuvieran las mismas oportunidades de “éxito”, muy al contrario, era una firme defensora de que las mujeres se organizaran para ocupar su espacio, pero eso no significaba en absoluto que tuvieran que integrarse en el “universo masculino”, decía. Ya me dirán si este planteamiento no es idéntico al de “iguales pero separados” de los defensores de la segregación racial. La inglesa era más dada a centrarse en afirmaciones como que el comportamiento masculino era producto de su genética y por lo tanto nunca se iban a implicar en las cosas que se implicaban las mujeres, hablaba por ejemplo del cuidado de los hijos. Cuando miro atrás me doy cuenta que la promoción de estas ideas, a las que me vi expuesta por primera vez a través de estas mujeres, fue muy importante para la aparición del esa visión ya tan extendida del “mejores pero separadas”.

Curiosamente, los principales defensores de la segregación racial eran los racistas blancos, aquí me encontraba como abanderadas de la segregación por sexos a la parte discriminada, las mujeres. Esto quizás se entienda si se tiene en cuenta que en la lucha contra la segregación racial y por los derechos civiles había mucho de movimiento de base, y aún se entendía que la lucha tenía mucho de lucha económica. Muchos de los negros implicados luchaban por los derechos de su propia clase explotada. En lo que quedó la cosa al final ya es otro cantar. En el feminismo de la desigualdad “mejores pero separadas” la voz cantante la llevan casi exclusivamente mujeres de las capas altas e intermedias buscando su hueco en el sistema capitalista. A las mujeres de clase trabajadora se les reserva un papel subordinado como ya he dicho, sus intereses tienen poco peso, a no ser que se considere que hablar de políticas asistenciales es luchar por los intereses de las mujeres de clase trabajadora. A ese segmento de mujeres cuyos intereses son los que priman no fue difícil convencerlas de que la segregación por sexos va a su favor. Realmente no les estorba, es más bien algo que pueden usar a su favor constituyéndose en grupos de presión dentro del sistema, y aunque suelen generar antagonismos y resentimientos en hombres que compiten por el mismo hueco, en general el sistema capitalista lo soporta bastante bien y la sangre no suele llegar al río. Así la bola echa a rodar, y luego las demás nos vamos subiendo al carro pensando que esa lucha es nuestra lucha como mujeres, y le acabamos haciendo los coros y las palmas, y creando consenso en torno a un feminismo que en ningún momento trata a la mujer de clase trabajadora como igual, eso sería imposible ya que no cuestiona lo más mínimo la explotación capitalista.

Me dirán que solo hablo “en negativo”, pues voy a hablar ahora algo también “en positivo”, aunque en mi defensa diré que si he hablado tanto “en negativo” es porque considero que en estos tiempo de Pensamiento Único se tiene que empezar por exponer las trampas de ese pensamiento. Si una empieza directamente hablando “en positivo” corre el riesgo de que no se la entienda y/o se rechacen sin más sus propuestas. Yo creo que las mujeres de clase trabajadora con conciencia de clase tenemos que huir de estos feminismos desclasados (como todo lo desclasado al servicio de determinadas clases), de igual manera que huimos de los movimientos ciudadanistas desclasados. Tenemos que trabajar y dar la batalla dentro de un movimiento de clase trabajadora con conciencia de clase, un movimiento contra el capitalismo y por el socialismo. Pero es muy importante que este rechazo incluya también un rechazo al propio marco teórico y las formas de organizarse, no solo que rechacemos luchar por unos intereses que no son los de las mujeres de nuestra clase. Es decir, no podemos organizarnos contra el capitalismo pero aceptando el marco teórico o las formas de organizarse que ha propagado el propio capitalismo para mantener cualquier lucha dentro de los límites del mismo.

No creo en eso de que las mujeres nos metamos, ni nos metan, en nuestro propio gueto dentro del movimiento de clase, no veo que eso pueda llevar a otra cosa que a limitar nuestra influencia en el mismo. Cuando se intenta aplicar el “mejores pero separadas” al movimiento de clase, a decir verdad, ni siquiera puedo comprender qué se pretende o cual es el objetivo que tiene ese planteamiento. La consecuencia principal que se me ocurre, me parece tan extraño que sea lo que queremos que llego a la conclusión de que se me escapa algo. ¿Las mujeres del movimiento nos organizamos aparte para dedicarnos exclusivamente al tema “de la mujer”? ¿Y los hombres se dedican a todo lo demás? Entiendo perfectamente, porque probablemente se ajusta bastante a la realidad, que muchas mujeres sientan que no se le da la suficiente relevancia en el movimiento de clase trabajadora al tema de las desigualdades de la mujer. Deben pues exponer el tema, deben presionar para que se aborden estas cuestiones, pero eso es muy distinto a “llevarlo en exclusividad” o que eso sea “solo cosa nuestra”. Yo creo que la forma más igualitaria de luchar es siendo en todo como hace ya años se logró que fueran los colegios públicos, mixtos.

Mis modelos no son movimientos de inspiración anglosajona con su obsesión con “las cosas de chicas” y “las cosas de chicos”. Basta darse un somero paseo por la industria del entretenimiento estadounidense para ver lo arraigada que está esa mentalidad en la cultura anglosajona. Mis modelos son los movimientos revolucionarios en los que las mujeres se han integrado y han formado parte de todas las facetas del movimiento, de todas sus luchas, las teóricas y las prácticas, las a corto plazo y las a largo plazo. Sé que esto pasa necesariamente por una presencia importante de mujeres en el movimiento, y considero un reto, algo en lo que hay que hacer un esfuerzo, promover que haya esa masa crítica de mujeres de clase trabajadora que vean el movimiento de clase como suyo, que sientan que esta lucha es también su lucha. El intentar que las opiniones de una sean argumentadas y hacer un esfuerzo permanente de análisis y reflexión puede que sea un ejemplo más lento en “atraer” pero cada una, como cada uno, va aportando lo que tiene. Y no sé cómo explicar esto adecuadamente, pero mis empatías no se restringen a mis propias desigualdades y mis propias explotaciones, ni mis deseos de comprender se restringen a ellas tampoco. Sean cuales sean las condiciones iniciales en cuanto a presencia de mujeres considero, como he dicho antes, que el encerrarnos en un gueto solo lleva a limitar la influencia que pudiéramos tener cada una de nosotras.

La desigualdad de la mujer se da en muchos campos distintos. Por ejemplo en el reparto de tareas. Hay tareas que son absolutamente imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad, ¡y hasta para la revolución!, pero en absoluto gratificantes. Siempre recuerdo una viñeta de Quino en la que Mafalda, tras ver todas las tareas que ha hecho su madre ama de casa durante el día, le dice: mamá, ¿qué te gustaría ser si vivieras? Pues parafraseando a Thomas Sankara, aspiremos a una sociedad donde unas no tengan que sacrificarlo todo para que otros no sacrifiquen nada. ¿Qué mejor forma de luchar por la igualdad dentro del movimiento de clase trabajadora que tenerla presente en el reparto de tareas? ¿Qué puede aportar a esta lucha la mentalidad de que los hombres son machistas sin remedio y no pueden cambiar? Nada, entonces en vez de buscar la igualdad nos dedicaremos a gestionar la desigualdad, no cambiaremos sustancialmente el papel de la gran mayoría de las mujeres, lo despacharemos con un decir que ese papel es muy importante y que somos mejores, ¡pobre sustituto de la lucha por la igualdad! Otro aspecto muy importante de la sociedad sexista es que se respeta menos intelectualmente a la mujer que al hombre. Siento que esto está realmente arraigado. Ahí de nuevo no se me ocurre mejor forma de fomentar la igualdad que el que los hombres se acostumbren a vernos (escucharnos) en todas las luchas teóricas del movimiento, que cada una de nosotras aportemos el máximo de lo que podamos aportar sin que nos limiten ni limitarnos nosotras mismas. En definitiva, que en mi opinión, en nuestra lucha para que en el movimiento de clase no juguemos un mero papel subordinado el “separadas” va en nuestra contra no a nuestro favor.

Siento que fomentar la idea de que es imposible que los hombres entiendan estas cosas, que es imposible que cambien, ha hecho mucho daño. Percibo que muchas veces los hombres no saben ni cómo actuar y así se adhieren rápidamente al “las mujeres sois mejores” y dejan todo el tema en nuestras manos no vayan a meter la pata. No me refiero a los hombres de la izquierda institucional, ahí estos temas son un puro paripé tanto para los hombres como para las mujeres, ambos se adhieren a cualquiera que sea la moda para intentar asegurar su propio éxito, lo bien que han asimilado los valores capitalistas del éxito individual es más que evidente. Me refiero al daño que me importa, al que puede hacer esta mentalidad dentro del movimiento de clase trabajadora con conciencia de clase. No quiero que parezca que hago un análisis superficial, soy plenamente consciente de que no en todas las circunstancias es posible que distintos grupos sociales explotados luchen juntos. Pongo un ejemplo, la degradación de sus condiciones de vida y la explotación que sufre en EEUU eso que llaman “basura blanca” tiene mucho en común con la situación que sufre una mayoría de la población negra. Malcom X y un Martin Luther King cada vez más orientado hacia la crítica del sistema económico habían empezado a vislumbrar que era necesario buscar esta unión de clase cuando fueron asesinados. Pero un movimiento que empezara por ahí ahora mismo en EEUU sería imposible, los blancos que sufren las peores consecuencias del capitalismo son educados en el odio racial. Podemos decir que el racismo es tan extremo en EEUU que impide en gran medida la unión de clase por el momento. No creo que podamos decir que la brecha entre hombres y mujeres de la clase trabajadora, que buscan organizarse en un movimiento con conciencia de clase, en nuestra sociedad sea de esa magnitud. Dedicarnos a fomentar esa brecha, influenciadas por neofeminismos perfectamente compatibles con la explotación capitalista, hasta que la hagamos tan grande que impida todo entendimiento y posibilidad de luchar juntas y juntos no me parece que sea actuar a favor de nuestros intereses de clase. A mí me gustaría que nos esforzáramos por ser como esa izquierda revolucionaria que un día supo entender el mundo, y supo perfectamente con quien establecer sus alianzas en cada momento, para avanzar pasito a pasito hacia su objetivo final de acabar con la explotación del hombre por el hombre, ¡perdón! Del ser humano por el ser humano.

Artículo colectivo: EL DESAFÍO DEL ENCUENTRO COMUNISTA DEL 26-S

Por Antonio Marín Segovia, Marat, Nicolás García Pedrajas, Vigne

Los blogueros comunistas que firmamos este artículo, comprometidos con el proceso que se abre el sábado 26 de Septiembre en Madrid para la creación de un espacio de encuentro comunista con vocación permanente, somos conscientes de los desafíos que dicha convocatoria ha de afrontar.

Nuestra aportación mediante este texto no es la de presentarnos como representantes del grupo promotor de dicho encuentro sino la de meras voces ocasionales que, siendo miembros del citado grupo, quieren contribuir a la necesaria reflexión que ha de producirse antes, durante y después de la mencionada fecha.

Entre esos desafíos no se encuentra el éxito en número de asistentes a la reunión del sábado 26 de Septiembre. Sabemos desde hace días que el interés que ha suscitado y la conciencia entre amplios sectores de comunistas del Estado español de la necesidad de una propuesta como ésta ha impulsado a muchos de ellos a confirmar su asistencia.

Pero el proyecto de crear un espacio de encuentro comunista, algo nuevo porque no nace impulsado por partidos de este pensamiento, sino desde la base y en gran medida por quienes hoy no están en un partido pero creen en la necesidad de que los comunistas sin y con carné se organicen, piensen, debatan, elaboren, mantengan entre sí relaciones de fraternidad y trabajen colectivamente con  la clase trabajadora en defensa de sus intereses, del derribo del capitalismo y de la construcción de una sociedad socialista, carece de antecedentes similares y de carta de navegación ya construida sino que ha de ser desarrollada entre tod@s nosotr@s.

El que entre quienes promovemos está convocatoria haya tanto quienes en el pasado militaron en alguna organización comunista, como quienes no lo han hecho nunca pero se sienten tales, como de personas que aún mantienen vínculos partidarios comunistas diversos, creemos que puede tener las virtudes de que ninguna organización en particular pretenda apropiarse de esta iniciativa y de que pongamos todo el esfuerzo para evitar cualquier tentación sectaria.

De igual modo, que la propuesta tomase inicialmente forma entre comunistas madrileños es algo puramente circunstancial, ya que fue en Madrid donde nació, en un primer momento, la convicción de la necesidad de este proyecto. Esto ha dejado a día de hoy de ser así y comunistas de distintas tierras del Estado español han hecho suya la iniciativa y se han incorporado al grupo promotor. Es de desear que en otros territorios que aún no lo han hecho vayan conformándose grupos de naturaleza hermana a este. Somos conscientes de que hay muchas personas con dificultades de desplazarse a Madrid y de que existen lugares en los que conformar grupos de comunistas conscientes es particularmente difícil. Sabemos que el grupo promotor estudia el modo que dé respuesta a esas aspiraciones. De momento, el ritmo de los tiempos y las capacidades humanas, siempre limitadas, sugiere que quienes se sientan aislados en sus territorios aporten al menos un apoyo difusor de la convocatoria y de los textos que la han secundado y avalado y se pongan en contacto con el equipo que coordina el proyecto (encuentrocomunista@yahoo.es).

Todo lo anterior plantea, en nuestra opinión diversos retos de distinta naturaleza; unos de tipo interno (propios del proceso), otros de tipo externo (cómo llegar a nuestra clase y abrir paso de nuevo al discurso comunista, en gran medida desaparecido durante todo este período de la crisis capitalista).

Retos de naturaleza interna

El primero de ellos tiene que ver con el modo en que quienes asistamos a dicha jornada, motor de arranque de un trabajo posterior que ha de ir construyéndose de modo progresivo y trabajoso, llegamos a la misma. Si lo hacemos en clave de asistir a un acto-mitin de afirmación comunista habremos fracasado desde el minuto 1. Este acto no puede ser concebido como una liturgia en la que los “sacerdotes” oficiantes declaman las bondades de la ideología comunista y los fieles asistentes aplauden y repiten fervorosamente partes del mantra ritual. El marxismo que nos une, como visión laica de la política, requiere de nosotros que abordemos esa reunión como una actividad de trabajo, reflexión y propuesta colectiva por parte de quienes asistamos a la misma: convocantes y convocados.

Otro desafío es el de comprender, asumir, interiorizar y definir bien entre tod@s qué es eso del espacio de encuentro comunista que queremos construir, cómo lo entendemos, qué implicaciones puede tener, en qué puede ayudar a devolver las ideas comunistas al protagonismo necesario y hoy perdido, de qué modo puede abrir paso a una nueva cultura de cooperación, apoyo mutuo y habituación a trabajar y luchar juntos los comunistas tengamos o no carné de partidos marxistas preexistentes.

Y a la vez creemos que debiéramos sortear el riesgo de confundir la defensa de nuestra ideología con el ideologismo reduccionista que calma los ánimos pero que no construye, que se encierra en sí mismo, que no llega a quienes debemos hacer comprensible nuestro proyecto de sociedad, que nos pudiera dividir (centrarnos en lo que nos une, apartar de momento lo que nos separe e impida avanzar) y que no extrae del marxismo todo su potencial emancipador de la explotación y la alienación humanas ayer, hoy y mañana.

En el lado opuesto está también la cuestión de diferenciar lo que dice ser comunista de lo que realmente lo es. No nos sirven las propuestas constituyentes, ni la interpretación de que la historia se cambia desde las instituciones burguesas, ni el lenguaje postmoderno y claudicante que renuncia al hilo rojo de nuestra identidad compuesto por conceptos como clase, lucha de clases, destrucción, que no reforma, del capitalismo o dictadura del proletariado, por citar sólo algunos ejemplos. No creemos compatible declararse comunista y seguir los modelos de las nuevas formaciones socialdemócratas europeas y españolas. No nos sirve tampoco el electoralismo, ni el ciudadanismo ni las apelaciones a conceptos amorfos como “la gente” o a mitos como el supuesto 99% contra el 1%, pretendiendo que ignoremos que la explotación capitalista tiene entre ese 99% su porcentaje de delegados de clases medias patrimoniales y empresariales que no necesitan ser grandes plutócratas para oprimir a la clase trabajadora.

Tenemos también por delante la necesidad de evitar caer en los vicios que se han ido instalando en la cultura política de muchas personas durante estos años: el ciberactivismo (con sus foros de entretenimiento y de debate por el debate) y las adhesiones de aluvión. La lucha está en la calle, la transformación social se hace en el mundo real y ello exige altos grados de compromiso y esfuerzo personales, incluso en la formación política de los militantes. No se trata de hacer bulto, de ser muchos sino de cualificarnos, de capacitarnos, de dedicarle tiempo y trabajo a la militancia y a la lucha de clases.

Debemos también abordar el reto de señalar a modo de apunte (una primera jornada no da para más) dónde están las palancas transformadoras de una lucha anticapitalista, y no sólo antineoliberal, hoy y de detectar que reivindicaciones conectan con las necesidades reales de nuestra clase. Ese primer apunte ha de servirnos de pivote y base inicial para un desarrollo analítico y propositivo posterior. Y, muy importante, es fundamental que entendamos que el acto del 26 de Septiembre no es una convocatoria circunstancial sino el inicio de un camino y de una tarea de largo recorrido, si existe voluntad colectiva para ello, por delante.

Retos de naturaleza externa

Hacer llegar nuestro discurso a nuestra clase exige tanto una capacidad didáctica y un mensaje sencillo y comprensible como un compromiso activo con sus necesidades y problemas, así como una presencia en sus principales luchas.

De nada nos serviría convertirnos en un grupo de propagandistas si no experimentamos y vivimos con la clase trabajadora su propia realidad y somos instrumento que contribuya y refuerce su autoorganización.

Debemos ser capaces de ser ejemplo útil que lleve a que los sectores oprimidos y golpeados por la crisis del capital sientan que los comunistas somos gente distinta, una fuerza que sea percibida como algo completamente diferente y ajeno a los partidos burgueses del sistema o a los reformismos que sólo quieren actuar como paliativos de los peores efectos de la crisis pero sin cambiar nada esencial de las causas ni del sistema que la ha creado.

De nada nos serviría reunir en torno a nosotros a unas decenas o centenares de militantes conscientes y luchadores si no somos capaces de traspasar el círculo inmediato de los ya convencidos para actuar como semilla de conciencia política entre nuestra clase, despertar de la misma, acumulación de fuerzas y rebelión. L@s trabajador@s deben llegar a ver en nosotros los comunistas el puño con el que ellos mismos golpean sobre sus enemigos de clase.

Ello va a exigirnos que seamos capaces de afirmarnos en nuestra identidad, que a la vez seamos abiertos en la relación con amplios sectores de la clase trabajadora menos consciente, que contemplemos el marxismo como teoría para iluminar nuestra tarea y no como farola a la que abrazarnos y, algo muy importante, que seamos conscientes de que las ideas no viven sin organización y que el coordinarnos y organizarnos del modo más eficaz y, a la vez, útil en relación con el tiempo que vivimos, es una necesidad imperiosa a la que tendremos que responder en un segundo encuentro.

Dar respuesta positiva a todos estos retos no es garantía infalible de éxito pero nos acercará, seguramente, un poco más a él. Ese es el gran desafío que se abre ante nosotros el mismo día 26 de Septiembre y a partir de él.

Qué no es y qué es el espacio de encuentro comunista.

Por Marat

Los comunistas que me conocen saben que no soy depositario de esencia ortodoxa alguna ni persona cerrada en mis posiciones.

Pero desde que un conjunto de comunistas de diversas procedencias y experiencias comenzamos a coincidir en la necesidad de crear un espacio de encuentro comunista y aquella idea fue tomando cuerpo en blogs, reuniones (muchas), documentos de trabajo y texto de convocatoria, hemos observado ciertos fenómenos que exigen clarificar a algunos lo que no somos, para que nadie se llame a engaño. Esto sin pretender definir previamente el campo de juego pero sí determinando a qué no vamos a jugar:

  •      No somos el orfanato de nadie que se haya quedado o se esté quedando sin referentes, siglas o partido. Eso dice muy poco de lo que cabe esperar de un comunista.
  •      No somos la agencia de colocación de quienes se hayan quedado sin cargos, salarios o posibilidades de promoción dentro de alguna organización en proceso de harakiri. Lo nuestro no es el parlamentarismo. Para ser más claro, la mafia de Ángel Pérez y sus mariachis profesionales de la política no caben aquí. Que prueben con Florentino Pérez, que igual les recibe un sirviente por la puerta de servicio pars decirles que “el señorito” no está en casa.
  •      No somos ninguna plataforma de grupos comunistas de cara a un proceso de unidad ni ante ninguna convocatoria electoral futura. Somos bastante menos ambiciosos. Nos conformamos con la reconstrucción del diálogo, la colaboración fraterna entre comunistas, la reconstrucción del discurso marxista, la formación de cuadros y la preparación de un espacio de intervención dentro de los procesos de luchas de clases. Casi nada.
  •      No somos ningún proyecto “ilusionante” para “la gente” ilusa. Somos un agrupamiento de trabajadores con conciencia de clase. Bienvenida sea la esperanza siempre que se asiente en el trabajo militante y en razones concretas que la justifiquen y no en el voluntarismo de quien espera que caigan las manzanas del árbol por su propio peso sin esfuerzo ni compromiso alguno en su recolecta.
  • No somos tampoco un grupo de dogmáticos con una concepción del marxismo encorsetado por 100 guiones y concebido más como una “fe del carbonero” que como una teoría viva para la praxis revolucionaria de agitar el mundo para cambiarlo de base. Cuando decimos en nuestra convocatoria que “debemos dejar respirar al marxismo como teoría viva y transformadora para que refuerce su condición de terreno fértilen el que se promueve el debate, la reflexión y la práctica, sin llaves secretas que dan la razón a unos elegidos” es precisamente porque eso es lo que pretendemos que sea la lectura del marxismo que debe hacer un comunista y no otra.
  •      No somos un partido virtual de ciberrevolucionarios ni vamos a propiciar el debate por el debate en ese gallinero llamado redes sociales, donde no se sabe quién es quién. El que se aburra que coja un libro o vea el “sálvame” político de La Sexta. El debate político en el seno de las organizaciones y en las asambleas pero con contenidos y objetivos concretos. Los bucles eternos que no conducen a ningún lado queden para los residuos de la “indignación”.
  •      No somos un proyecto ciudadanista, interclasista ni transversal. Defendemos en primer lugar los intereses de la clase trabajadora y la lucha de clases contra el capital. Las clases intermedias que se han visto estos años golpeadas por la crisis no nos son indiferentes pero tendrán que elegir en cuál de los dos campos se sitúan: el del capitalismo o el del socialismo porque van a ser cercenadas por el sistema. Y no vamos a supeditar la defensa de nuestra clase para sacar, en primer lugar, las castañas del fuego a la clase media, que fundamentalmente quiere volver a los buenos años dorados del consumo a crédito.
  •      No somos un proyecto que pretenda organizarse al margen de los partidos comunistas existentes para crear otro partidito más sino un lugar en el que comunistas con o sin partido puedan trabajar, debatir, pensar, formarse y elaborar juntos, sin partido guía y sin  organización de capillitas por cuotas de representación.
  •      No negamos, sino que afirmamos el carácter insurreccional de nuestro proyecto, la destrucción, no reforma, del capitalismo y la dictadura del proletariado, no esa necedad en la que han convertido el concepto de “hegemonía”  gramsciana los socialdemócratas y podemitas.

Puede que marquemos el terreno de debate algo más de lo que muchos esperan pero no deseamos que ninguna expectativa quede frustrada por una inexacta comunicación de cuáles son nuestras líneas rojas.

Si éstas les asustan a algunos, quédense con las syrizas españolas en su viaje a ninguna parte. Con una en Grecia y las consecuencias de su experimento de disidencia controlada de clase media ya tenemos de sobra quienes aspiramos a una sociedad socialista por y para la clase trabajadora y no a un “capitalismo de rostro humano.”. O con cualquiera de las marcas que el supermercado electoral les ofrece. Las diferencias principales entre ellas son de nombre y envase.

Cualquier intento de desembarco por parte de proyectos moribundos será cortado de raíz.

Marcadas estas líneas rojas, de lo que somos y lo que seremos queda todo por decidir. Que sea un proyecto abierto para un debate colectivo no significa que nos valga todo o que perdamos el tiempo al estilo de esos movimientos o partidos burbuja tan fáciles de pinchar por sus promotores en la sombra.

Fuente: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2015/09/que-no-es-y-que-es-el-espacio-de.html