Boletín Rojo. 15 Julio 2016.


Boletín de información del EEC. 15 de Julio de 2016.

Boletín Rojo

del Espacio de Encuentro Comunista

No os lamentéis, organizaos

Nueva web

Os recordamos una vez más la nueva dirección de la página web del EEC:

http://encuentrocomunista.org/

Cuando terminéis de leer el boletín no olvidéis entrar en ella y guardarla en favoritos.

Constituido el Espacio Comunista de Base de Córdoba

Los y las camaradas de Córdoba nos hacen llegar la siguiente crónica:

El domingo 3 de julio nos reunimos en Córdoba un grupo de camaradas con la idea de constituir un Espacio Comunista de Base (ECB) en Córdoba. A este encuentro acudieron también varios representantes de la Coordinadora Estatal del EEC.

Durante la reunión se planteó la cuestión de cómo arrancar el ECB de Córdoba, por dónde empezar las tareas. Tras un debate en el que participaron todos los camaradas asistentes acordamos:

  1. Establecer un calendario de reuniones regulares del ECB de Córdoba. Esto permitirá ir cohesionando el grupo y organizarnos para empezar a debatir y trabajar juntos
  2. Dedicar parte de esas reuniones a tareas de formación y debate ideológico

Se pone el énfasis en que como parte del EEC, el ECB de Córdoba está abierto a todos los comunistas con y sin partido, y que se participa en el mismo en tanto que comunista, en ningún caso como delegado de un partido. En este sentido se pretende que la estructura sea horizontal pero con el nivel de organización mínimo necesario que nos permita coordinarnos.

El ECB de Córdoba se constituye con el deseo de trabajar por unos objetivos que consideramos de gran importancia para el comunismo de hoy, y que solo podrá llevar a cabo un comunismo organizado, como son:

  • La reconstrucción del discurso comunista dentro de la clase trabajadora
  • La formación de cuadros
  • Organizarse allí donde estén las luchas de la clase trabajadora

Quienes participamos en la constitución del ECB de Córdoba compartimos la idea de que un comunista ha de ser un militante no un afiliado, alguien que se implica activamente. Pero igualmente comprendemos que no se puede pedir el mismo nivel de compromiso a todos, ya sea por el nivel de concienciación alcanzado o por otras circunstancias personales, y estamos abiertos también a aquellas personas que se encuentren aún más a nivel de simpatizante que de una implicación activa como militante.

Animamos a todos los camaradas de la zona que estén interesados en asistir a las reuniones del ECB de Córdoba que contacten a través del correo encuentrocomunista@yahoo.es y nos pondremos en contacto con ellos a la mayor brevedad posible.

Crónica del acto de presentación del EEC en Castilla y León

Los y las camaradas de Castilla y León nos hacen llegar la siguiente crónica:

El 9 de julio tuvo lugar en el Ateneo Republicano de Valladolid el acto de presentación del Espacio de Encuentro Comunista en Castilla y León. A pesar de las dificultades propias de estas fechas, fueron más de una veintena los compañeros que acudieron al llamamiento. Entre ellos se contaban tanto camaradas militantes de partidos como comunistas no organizados.

Una vez agradecida la presencia a todos los asistentes y presentados los compañeros de la Coordinadora que se habían desplazado desde Madrid para participar en la presentación, la reunión comenzó preguntado a los convocados qué conocían del EEC. Algunos intervinientes se refirieron a la información recogida en diversos blogs o páginas webs en las que se informaba sobre la construcción del mismo y de las asambleas celebradas hasta el momento. Otros comentaron no tener más referencia que los carteles que habían visto por la ciudad en los que se les invitaba a acudir a la presentación. Se procedió entonces a explicar las motivaciones que desembocaron en el primer llamamiento a la constitución de un encuentro entre comunistas y las reuniones y asambleas que a partir de ese momento habíamos mantenido. Se detallaron las comisiones constituidas así como el trabajo que estas han ido desarrollando y en el que aún se encuentran inmersas. La centralidad de la clase trabajadora, los elementos que como comunistas consideramos irrenunciables y que nos unen, también las diferencias que entre nosotros se han ido evidenciando, la necesidad de formación y otros aspectos fundamentales se trataron ampliamente con el fin de introducir la propuesta política y organizativa del EEC.

Algunos de los asistentes, a pesar de manifestar su satisfacción por las bases del proyecto, preguntaron por la necesidad de esta iniciativa frente a la existencia actual de múltiples partidos y organizaciones de carácter comunista. Se preguntaron por el posible efecto de dispersión que otra más podría suponer y resaltaron la necesidad de enfatizar la ideología con el fin de acentuar las diferencias y desenmascarar así las propuestas esencialmente reformistas. Tras analizar la situación actual del movimiento comunista en el ámbito estatal, se concluyó que actualmente ninguna de estas organizaciones es capaz de centralizar la lucha de la clase trabajadora. Los compañeros de la Coordinadora recordaron entonces los intentos que en el pasado se habían realizado para el acuerdo entre organizaciones y que habían fracasado precisamente por utilizar la ideología como arma arrojadiza entre ellas. Se considera más acertado analizar en qué estamos de acuerdo, sin obviar nuestras diferencias, potenciando la fraternidad entre comunistas en un nuevo marco de relación desde la base y no por las cúpulas. Resulta imprescindible identificar las propuestas reformistas, pero también urge la capacidad de actualizar el marxismo sin caer en sectarismos. En este sentido, otro compañero nos recuerda la importancia en el uso que debemos hacer del lenguaje ya que éste nunca es inocente.

A continuación interviene otra compañera integrante de la Comisión de Feminismo. Nos cuenta que no milita en ninguna organización y cómo entró a formar parte del EEC a partir del llamamiento que desde internet se lanzó a mediados del pasado año. Es precisamente la relación a nivel de base entre comunistas “sin apellido” de esta iniciativa lo que desde un primer momento la convence frente a las propuestas de otras organizaciones ya constituidas. Nos explica que ha resultado una experiencia gratificante el haber formado parte de esta organización desde su constitución así como su recorrido hasta el momento dentro de la Comisión de Feminismo, integrada por varios compañeros sin exclusión sexual alguna y abierta al debate. Por último, también nos destaca la idoneidad del EEC para fomentar y desarrollar la formación colectiva. Otros compañeros del EEC suscriben estos mismos aspectos como motivación inicial para sumarse al proyecto no habiendo militado hasta el momento en otras organizaciones.

Otro compañero subraya la necesidad de la autoformación y divulgación trabajando colectivamente desde la base frente a la supuesta libertad de naturaleza burguesa de continuar creando o eligiendo organizaciones comunistas según el grado de afinidad ideológica individual. Desde la Coordinadora se recuerda que a este respecto se está trabajando desde la Comisión de Formación, cuyos resultados se compartirán a la mayor brevedad con el fin de poder trabajar y debatir los textos de forma colectiva. Esto supone una importante diferencia con otras organizaciones, de las cuales algunos miembros participan activamente en el EEC, donde la formación se recibe como una verdad individual sin el obligado debate de sus militantes. A continuación un compañero de la Coordinadora explica sus reticencias con otros partidos de los cuales formó parte en el pasado y en los que a la formación no se le daba el peso necesario, llegando en algunos casos a hacer incluso gala de la falta de la misma, y cómo esto ha supuesto una clara involución ideológica en los últimos 30 años. Recuerda cómo se ha ido renunciando paulatinamente a la formación entre la clase trabajadora hasta llegar a la actual situación de abandono absoluto, lo que sin duda ha contribuido al deterioro de sus condiciones de vida. Es por tanto una necesidad y una obligación, para los que nos reconocemos en esta sensibilidad, el formarnos y divulgar este conocimiento en nuestro entorno social y laboral para hacer frente a la apática sensación de libertad que se nos inocula desde la burguesía. El EEC nace precisamente de esta necesidad de organizarnos como clase trabajadora, aunque no partimos de cero al reconocernos herederos de las luchas y organizaciones que nos han precedido. Tratamos de dar la batalla tanto ideológica como material. Un compañero destaca el interés que tendría, a este respecto, el analizar la trayectoria y deriva final de la labor sindical con el fin de poder evidenciarla. Otra compañera de la Coordinadora retoma la importancia de la batalla ideológica para afirmar cómo el capital ha ido penetrando en nuestra conciencia hasta conseguir que gran parte de los trabajadores se identifiquen como clase media sin más aspiración que el consumo y la inmediatez como desarrollo personal.

Interviene en este momento otro compañero para contarnos su experiencia personal de participación en las juventudes de un partido político, las cuales abandonó hace más de diez años. Asistió entonces al progresivo abandono de la lucha en las calles por parte de otros partidos que se consideraban “la vanguardia”, lo que llevó a muchos al desánimo y abandono final de la militancia. A pesar de ello, recuerda la intensa labor que durante aquellos años pudieron llevar a cabo. Es este abandono de la lucha en la calle y la formación ideológica la que, a su juicio, ha llevado a gran parte de la juventud actual a confiar en la batalla electoral como única herramienta de transformación social. Considera necesaria la actualización del marxismo a la problemática actual poniendo especial énfasis en cuestiones con mayor interés social como el feminismo o el modelo territorial del estado. Concluye con la necesidad de crear una organización nueva y moderna que evite los enfrentamientos entre comunistas. Otra compañera nos invita a potenciar el uso de los medios tecnológicos actuales (webs, blogs, redes sociales, etc.) para reconquistar esos espacios perdidos, especialmente los vinculados con la juventud.

Un camarada se pregunta hasta qué punto somos conocedores de nuestra condición humana y si no resulta precisamente para ésta algo contradictorio y “antinatural” el sentimiento colectivo de clase obrera, lo que ha podido llevar al debilitamiento de tal conciencia de clase. Le responde otro compañero de la Coordinadora recordando los logros históricos del movimiento obrero desde la experiencia de la Comuna de París y otras como la de la U.R.S.S. o Cuba para concluir que no se trata de un sentimiento antinatural el de la organización colectiva y que ha sido más bien problema de la dirección, al no estar apegada a la clase trabajadora, la que condujo al “fracaso” de algunas de las citadas experiencias. Por otra parte, sirviéndose en algunos casos de disciplinas científicas actuales como la neurociencia, es precisamente el capital el que trata de trasladarnos esta idea sesgada de individualidad innata con motivaciones evidentemente ideológicas. Otra compañera apunta la necesidad de saber explicar que no existe otra salida al capitalismo que el socialismo y ser capaces de organizar en algún momento un verdadero partido de vanguardia. Le resulta verdaderamente novedosa la propuesta del EEC y ratifica la necesidad de formación para garantizar su sólida construcción y posterior desarrollo. Toma la palabra otra compañera de la Coordinadora para destacar cómo el capitalismo quiere acabar con la conciencia de clase, que existe objetivamente, usando la xenofobia y desideologización e ir despojándonos de los espacios de lucha de los que disponíamos en el pasado. Para ella, no existe de forma innata y en exclusiva el sentimiento de la individualidad frente a la colectividad, si no que más bien se trata de un pensamiento adquirido culturalmente y potenciado desde el interés de la burguesía. Retoma la palabra el compañero de la Coordinadora para concluir la importancia del pensamiento libre, la duda y autocrítica como elementos consustanciales al carácter comunista y necesarios para contribuir en la caída del capitalismo.

Se procede a tratar el aspecto organizativo del EEC. Para ello, un compañero de la Coordinadora nos cuenta las experiencias de otros Espacios Comunistas de Base que ya se han ido constituyendo en gran parte del estado y cómo en algunos casos han comenzado ya a trabajar en su formación de forma colectiva. En este tiempo se ha ido detectando la presencia de dos tipos fundamentales de militantes: los que se acercan para informarse/formarse adoptando una militancia menos activa, y aquellos que deciden involucrase en mayor grado tomando parte activa en la organización. Nos cuentan que el ECB se asemeja a la idea clásica de “célula” como unidad básica y que agruparía entre 3 y 8 camaradas que actuarían sin directrices impuestas desde cúpula alguna. Se comenta también la necesidad de integrar al militante aislado geográficamente así como el marco de relación deseable con otras organizaciones y coordinadoras comunistas presentes en la región. Resulta aconsejable el acompañar a estos movimientos en aquellos actos en los que se identifique una coincidencia o afinidad ideológica priorizando aquellos a los que pueda preverse mayor recorrido y supongan un daño mayor para el capital. Ésta es la forma en la que se ha venido trabajando en los ECB’s ya constituidos, sumándose al llamamiento de diversas plataformas cuando el planteamiento de las mismas parecía correcto. Finalmente se citaron algunos casos en los que se ha participado de forma colectiva con estas organizaciones y otros en los que se espera hacerlo en un futuro inmediato.

De esta forma, y tras más de dos horas de lo que resultó una reunión con un elevado grado de participación, se dio por concluido el acto de presentación del EEC en Castilla y León.

Encuentro de camaradas de Madrid y provincia

Antes de que el calor acabe por impedirnos salir, queremos proponeros un encuentro distendido a los y las camaradas de Madrid y provincia. Por supuesto, si no eres de Madrid pero estás por aquí ese día, también contamos contigo.

En Madrid y provincia hay ya cuatro Espacios Coumunistas de Base (ECB) formados y varios que están intentando arrancar. El objetivo del encuentro es que nos veamos todos e intercambienmos experiencias sobre este proceso: qué problemas hemos encontrado en la constitución o en el día a día, qué tareas hemos decidido iniciar una vez puestos en marcha, por qué no arranca un ECB concreto, etc. Los camaradas que aún no han asistido a su ECB o que están en una zona en la que no se ha formado ninguno también pueden acudir a ver (o iniciar) el proceso de primera mano.

Además, celebramos que hace un año que decidimos convocar la primera asamblea. La fecha bien se merece un encuentro y un brindis.

Nos vemos entonces el próximo jueves 21 de julio en la Asociación de Vecinos San Pascual, que está en la calle Verdaguer y García 9. Hay que bajar unas escaleras que se abren en la fachada hacia un patio interior y ahí está la asociación. El metro más próximo es el de Barrio de la Concepción, en la linea 7.

Lucha por el poder o creación de contrapoder

El camarada Valentín nos propone un texto que fue escrito originalmente por José María Pedreño en el año 2002.

(…)La recuperación de la filosofía de la praxis es la piedra angular sobre la que construir la fuerza socio-política que las clases trabajadoras y oprimidas necesitamos, para conquistar el poder del estado y transformarlo. Esto significa estudio, debate y trabajo militante; análisis del mundo en que vivimos, teorización de lo que hacemos y una práctica política basada en lo que teorizamos. Desde esa perspectiva debemos acometer la tarea, sin ella no hay posibilidad de revertir la derrota, ni de construir nada. No podemos seguir intentando hacer la revolución enarbolando la ignorancia como bandera frente a un enemigo que cada vez tiene más conocimientos. Un militante que no tiene plena conciencia de quien es el enemigo (y a la experiencia me remito… ni OTAN ni Milosevic, ni Arafat ni Sharon, ni EEUU ni Irak, ni no nos representan, etc, etc, etc…), de por qué y cómo debe luchar, de cuáles son los objetivos a corto, medio y largo plazo, de cuál es el gran objetivo y fin último, no sabrá que hacer en el día a día, irá a remolque de la protesta puntual (una tormenta de verano tras la cual vuelve a lucir el sol), terminará por hacer el juego a un enemigo al que estará legitimando dándole argumentos para que siga diciendo que existen la democracia y el pluralismo. Es la lluvia constante la que provoca inundaciones, no una tormenta pasajera cuyos efectos terminan disipándose rápidamente. Barcelona, Génova, Madrid, Gamonal, Marcha de las dignidad, por si solas, no servirán de nada si no existe un trabajo constante en todo momento y lugar, serán como tormentas cuyas aguas son absorbidas por la tierra y secadas rápidamente por el sol. Una tormenta entre lluvias constantes acelerará la inundación, pero serán las lluvias constantes las que garantizarán que sus efectos se extiendan y se mantengan. Una izquierda que no es constantemente atacada por el sistema no está trabajando bien, por lo que debe reflexionar mucho para saber qué hacer. Debemos aspirar a que cada organización, cada militante y cada dirigente estén en el punto de mira del enemigo. Mientras el capital y sus acólitos sigan respirando tranquilos e ignorándonos, permitiéndonos seguir existiendo, será señal inequívoca de que no estamos avanzando, sino apuntalando un sistema político y económico corrompido, decadente, injusto, inmoral e inhumano. Sin acción política en la base no hay posibilidad de cambio y sin teoría no hay posibilidad de avance, ni se puede dar una perspectiva adecuada al trabajo militante.

El internacionalismo y la solidaridad entre todos los Trabajadores y oprimidos del mundo deben ser el eje central de la lucha, pero cada pueblo, dependiendo de las condiciones objetivas en que vive, de la estructura y superestructuras del país en que se encuentra, debe dotarse de unas formas de organización y de lucha adaptadas a su entorno y esto no supone el abandono de principios éticos, políticos e ideológicos. Adaptar las formas de lucha no significa ponerse un traje y una corbata, salir en televisión diciendo lo injusto que es todo, ganar el acta de diputado o de concejal para formar parte de un parlamento o un gobierno municipal, decir sí a todo lo que diga el amo americano, las multinacionales, el empresario o el banquero de turno y, después, cuando el apoyo popular en las urnas desaparece, echar las culpas a todo menos a nosotros mismos. Como van a avanzar el PSOE y la casi disuelta IU si hace mucho tiempo que sus cargos electos empezaron a usar corbata, a salir en televisión, a comprarse un BMW o un Mercedes y a defender con uñas y dientes al sistema, a una constitución monárquica, injusta y contradictoria, a hacerse, en definitiva, lacayos del enemigo al que se suponía iban a combatir, acusando de terrorista a todo aquel que los ponga en cuestión. Hace mucho tiempo (salvo honrosas excepciones) que no oímos a ningún dirigente de izquierdas hablar públicamente de lucha de clases, de imperialismo, de atacar al sistema desde el cargo que ocupan. Sólo hablan de defender la democracia, pero no la democracia entendida como poder del pueblo, sino de la que existe, de la democracia parlamentaria, de la basada en las grandes campañas electorales apuntaladas, económicamente, por los poderes financieros, de la democracia que sirve de sustento a los poderes económicos, políticos y culturales de la burguesía y el gran capital. Hemos oído, a muchos de “nuestros” dirigentes, a lo largo de los años, que había que dar al pueblo lo que pedía y como el pueblo pedía servicios, han transformado las instituciones del estado en empresas de servicios, ahora esos mismos dirigentes juegan a privatizarlas practicando el neoliberalismo en nombre de la izquierda. Tampoco significa, desde la base, que la cultura y la ideología se aprendan a través de la televisión, que la revolución signifique asistir a una gran manifestación cada seis meses, emborracharse en un concierto de rock radical y, en el día a día, no hacer absolutamente nada. Un palestino tiene muy claro cómo debe desarrollar su lucha, lo mismo ocurre con un colombiano o un indígena americano, la miseria y la opresión son tan evidentes en su entorno que la conciencia de clase oprimida corre paralela al descubrimiento del mundo en que vive, conocen la explotación y la opresión desde que nacen. No necesitan preguntar a nadie contra qué y quienes tienen que luchar, saben perfectamente quiénes son sus enemigos y sus aliados. Sin embargo, en nuestras “generosas”, complejas y desvertebradas sociedades, el proceso de toma de conciencia es distinto, la lucha de clases se desarrolla, de forma dialéctica, contra el dominio y control cultural que la burguesía, desde su hegemonía, ejerce sobre toda la sociedad, si luchamos por controlar espacios de poder, a través de los mecanismos electorales del sistema, o luchamos por generar espacios de contrapoder previos a la toma del poder. Los “dirigentes” apuestan por los comicios electorales para conquistar espacios de poder, sin saber para que, por lo que acaban haciendo lo mismo que la derecha, arreglar calles, farolas y hacer carreteras, compaginando este trabajo con la confección de leyes defensoras del sistema capitalista. Las bases, más desorientadas que nunca, se debaten, dependiendo de la banda generacional a la que pertenecen, entre el próximo partido de liga, de la copa, la recopa, el recopón…o el próximo concierto de rock, borrachera o fiesta. Algunos, hasta hace muy poco tiempo, pensábamos que “en el país de los ciegos el tuerto era rey”, pero no nos encontramos en el país de los ciegos, sino en el de los ciegos, sordos y paralíticos y por lo tanto lo dirigen los que aún no han perdido la capacidad de caminar, pero su ceguera y su sordera les llevan a la deriva; dirigentes ciegos de poder y ambición, sordos a cualquier voz que se alce; bases ciegas, sordas y paralíticas por los grandes espectáculos y la esperanza del consumo desmedido.

Los partidos tradicionales de la izquierda occidental se han ido transformando, poco a poco, en agencias electorales, han sido absorbidos, en gran medida, por el propio estado burgués a través de sus instituciones. Son varias las causas, tanto externas como internas, las que han provocado esta situación. Entre las externas se encuentran: la derrota de la URSS, el exterminio sistemático de los cuadros y militantes mejor preparados durante la guerra civil española y la II Guerra Mundial, la desestructuración y fragmentación social que el neoliberalismo ha provocado, el cambio en el modo de producción capitalista, el control cultural a través de los medios de comunicación de masas, los restos de cierto bienestar económico en amplios sectores sociales que ha creado, entre la clase trabajadora, la sensación de que bienestar social y estado burgués son sinónimos, el acceso a todo tipo de bienes de consumo por las clases trabajadoras y, sobre todo, en los últimos tiempos, la corrupción social generalizada, propiciada por los valores propugnados por el neoliberalismo, que se ha visto reflejada en el interior de las organizaciones. Entre las internas: la falta de formación teórico-cultural (causa y origen de la gran desideologización existente), tanto de los “dirigentes” como de las bases, el abandono de nuestra memoria histórica, la transición democrática, en la que los partidos de izquierda estuvieron encabezados por “dirigentes” cuyo objetivo era, tan solo, conseguir establecer un régimen parlamentario en el estado español, apartando a muchos de los cuadros formados en la clandestinidad, cuyo objetivo no era la democratización del país, sino la conquista del socialismo, la creación de estructuras orgánicas que no se correspondían con el momento histórico, la aceptación del juego político institucional como fin y objetivo último de los partidos de izquierda, la exaltación del final de la URSS como un gran fracaso y no como una derrota político-militar y la sustitución del “bloque histórico”, del agente histórico del cambio social, por la vanguardia, es decir, por el Partido. Todas estas causas, junto con otras que podríamos enumerar, constituyen la base de la actual situación en que nos encontramos. Debemos ser conscientes que la lucha se desarrolla en el interior de un sistema en el que la hegemonía la tiene la burguesía tras habernos derrotado como clase, por lo que corremos el riesgo (y así ha sucedido y sucede) de convertirnos en un engranaje más del sistema. El análisis simplista que muchos “dirigentes”, tanto del PSOE como de PCE y IU, y Podemos, realizan sobre la actual situación de la izquierda viene derivado de una gran falta de formación política, teórica y cultural (fiel reflejo de la situación social) y de un oportunismo electoralista basado en la búsqueda de argumentos para alargar, en el tiempo, los privilegios de casta obtenidos después de más de tres décadas de hablar para el pueblo y trabajar para el capital. No podemos decir que la izquierda está en mala situación por su fragmentación (entendida esta fragmentación como la existencia de múltiples organizaciones que se presentan por separado a las elecciones), muchas de las causas ya las hemos enumerado, sino por la separación entre la base social de la izquierda y las cúpulas dirigentes de los partidos, transformadas, al amparo de los privilegios que el estado burgués otorga a los cargos públicos, en una auténtica casta de políticos profesionalizados que, dando lugar a la existencia de una nueva clase social, están más cerca, en cuanto a estilos de vida, principios y práctica política, de las clases dominantes que de los trabajadores y sectores oprimidos; es más, se han asimilado a la clase dominante de tal forma que, en ningún caso están interesados en el progreso y defensa de la clase trabajadora, sino en la defensa del orden político, económico y cultural existente, ya que, ese orden, garantiza sus privilegios. Por lo tanto, el debate no se debe circunscribir a las posibilidades electorales de la izquierda y de su necesidad de unión por el miedo a la derecha (ya que son la derecha y sus valores los que se han situado en las cúpulas de los partidos y sindicatos de izquierda que han abrazado el neoliberalismo, el imperialismo y el pensamiento único y, por lo tanto, lo que buscan es la unión para poder mantener sus privilegios defendiendo este sistema), sino en el análisis exhaustivo de la derrota, de la actual situación social, política y cultural en nuestro entorno más inmediato y en el mundo, del descubrimiento, a través del estudio y del debate, del nuevo camino y las nuevas formas orgánicas y de lucha necesarias, en este contexto histórico, para alcanzar el gran objetivo estratégico: la superación del capitalismo. Hemos perdido la noción del análisis (estamos poco formados a nivel teórico o demasiado afectados culturalmente por la publicidad del sistema transformada en ideología), no analizamos la raíz de los problemas, nos quedamos en la superficie, hemos olvidado las leyes de la dialéctica… Son tantas las pequeñas agresiones sociales a las clases trabajadoras que, después de varios años de gobiernos de “izquierdas” trabajando para la implantación del neoliberalismo (que no es otra cosa que la restitución de los derechos sociales, económicos y políticos conseguidos por décadas de lucha de la clase trabajadora), la cantidad se va transformando en calidad, por lo que se va configurando como una gran agresión que ha sido traída de la mano por las instituciones de un estado burgués comandado y gestionado por políticos y sindicalistas autodenominados de izquierda. Esto no es resultado de que las intenciones de nuestras cúpulas dirigentes inicialmente fuesen las de traicionarnos, sino de que pensábamos que, luchando exclusivamente para arrebatar espacios de poder al sistema íbamos a conseguir transformar el estado, abandonando la lucha por la hegemonía en la sociedad civil; nos faltó formación y debate y, al final, los medios se transformaron en fines.

La gran discusión se produce entre dos concepciones distintas de lo que debe hacerse: luchar por el poder o crear un contrapoder, y si creamos un contrapoder ¿con qué objetivo?. El objetivo último de la revolución es tomar el poder del Estado para transformarlo, el problema es cómo hacerlo, que pasos debemos dar, de que organizaciones debemos dotarnos, que alianzas son las necesarias.

No se trata de que el Partido de los Trabajadores tome el poder, sino un bloque de fuerzas sociales y políticas diversas (bloque histórico), de las cuales el Partido de los Trabajadores forma parte aportando dirección política (ideología). La crisis de los partidos clásicos (el PCE es buen ejemplo de ello) es que tanto los sectores más moderados, como los más radicales y ortodoxos, se han planteado siempre la política como el ejercicio del poder, la toma del poder por parte del Partido, y todos, al llegar a tocar parte de ese poder, se han dejado llevar por él, se han dejado cooptar por el poder del estado burgués, transformándose en fieles gestores del mismo. La explicación es sencilla, la falta de formación y debate impidieron ver la imposibilidad de transformar el estado burgués, y si no se contaba con la complicidad de los trabajadores y de amplias capas sociales.

Lo primero que debemos hacer es marcarnos el objetivo final: la superación del capitalismo mediante la implantación de socialismo. Por ello es necesario tomar el poder del estado para transformarlo, por lo que necesitamos un gran plan estratégico para conseguirlo, sin esa premisa no hay posibilidad de tomar el poder. La primera misión del Partido de los Trabajadores sería crear esa estrategia para los trabajadores y oprimidos, ejercer de estado mayor de la revolución. La estrategia revolucionaria que proponemos se basa en realidades, tiene tres fases bien diferenciadas: toma de conciencia por parte de los trabajadores y las clases oprimidas, conquista de la hegemonía cultural e ideológica y toma del poder. Cada fase es expresión de un frente de lucha: lucha económica (donde se crean las condiciones de toma de conciencia), lucha ideológica (donde se crean las condiciones para arrebatar la hegemonía cultural a la burguesía) y lucha política (donde se intenta arrebatar el poder al estado burgués). Las tres fases están indisolublemente relacionadas entre sí, si las separamos como partes, hacemos de cada una de ellas un fin en sí mismo. El revolucionario no puede perder de vista las tres fases, por lo que necesita de la existencia de un partido para poder sumar las tres luchas, de otro modo, a nivel individual, sería muy difícil estar en todos los frentes al mismo tiempo. El Partido aglutina todos los frentes de lucha y, por tanto, equivale a bastante más que la suma de las luchas parciales. El problema está en cómo se organiza el Partido para que éste no se transforme, a su vez, en un fin en sí mismo, para que la toma del poder sea realizada por el “bloque histórico” y no por el Partido, es decir, para que el Partido sea una herramienta y un medio.

En la lucha económica es donde se inicia la toma de conciencia. Existe a muchos niveles, claramente, los trabajadores herederos de los beneficios del “estado del bienestar” luchan para no perder esos beneficios a través de las organizaciones sindicales, y de las distintas “mareas”, los cada vez más numerosos trabajadores precarios y parados luchan por sobrevivir buscando incesantemente la estabilidad en el puesto de trabajo (algo ilusorio dadas las actuales tendencias), los trabajadores des-proletarizados transformados en autónomos, pequeños comerciantes y empresarios luchan por mantener su estatus económico a costa de renunciar a toda clase de derechos sociales, los inmigrantes aspiran a tener papeles para formar parte de una sociedad opulenta y los jubilados ven pasar los años que les quedan votando a opciones políticas que les garanticen su poder adquisitivo o el aumento de sus pensiones. Todos tienen dos cosas en común: la primera es que sus luchas, cuando se dan, no son por superar el capitalismo, es decir, por conquistar el socialismo, sino por conquistar o mantener su piso, sus electrodomésticos, su coche, sus vacaciones pagadas y todos los productos de consumo que el sistema, a través de la dictadura de la publicidad metamorfoseada en ideología, ha transformado en elementos necesarios (virtualmente) para la reproducción de la vida, la segunda es que todos pertenecen a una misma clase oprimida aunque, la mayor parte de ellos, si bien tienen conciencia de dominados, no tienen conciencia de pertenecer a una clase, están faltos de ideología. En estas condiciones, la primera tarea de los revolucionarios sería aportar ideología (dirección política) a los trabajadores y oprimidos y, para ello, debemos dar prioridad, en este momento, a la lucha ideológica y cultural. La labor es ardua y compleja, teniendo en cuenta que carecemos de los medios de comunicación necesarios para ganar al enemigo: los medios de comunicación de masas. Nuestra situación ha sido siempre de inferioridad material respecto al enemigo, por lo que no debemos quejarnos de ello y hacer lo que hemos hecho siempre: trabajar pegados al terreno (a los trabajadores). La fragmentación y desestructuración social, provocadas por el neoliberalismo, crean un sin fin de grupos sociales, muchos de ellos dotándose de organizaciones que luchan por defender sus intereses, pero de forma corporativa e individualizada (tal como mandan los cánones del sistema), eso si no hablamos de los trabajadores que, imbuidos por el espíritu individualista del neoliberalismo, defienden sus intereses mediante la lucha individual competitiva o se auto-marginan de la sociedad al no poder hacer frente ellos solos al problema, acabando en los “estercoleros” que el sistema tiene creados para estos casos: la drogadicción, el alcohol, las enfermedades mentales… La reconstrucción del tejido social que sustentaba a la izquierda es la tarea prioritaria.

En este punto empieza el trabajo militante del revolucionario: dar conciencia y dirección política a esos grupos sociales, soldar unos con otros a través de la ideología, pero ¿cómo hacerlo sin la existencia de un Partido, sin unos cuadros formados, sin un trabajo dentro de esas organizaciones de base? El Partido no sólo tiene que representar todas las luchas parciales, sino que, a través de sus militantes, en los distintos movimientos, tiene como misión histórica la construcción del nuevo “bloque histórico”, apoyar las luchas populares, al mismo tiempo que elabora los planteamientos teóricos: la gran estrategia de los trabajadores y oprimidos para alcanzar el poder del estado y transformarlo. El Partido, por lo tanto, se transforma en elemento necesario, pero ¿cómo tiene que ser en este periodo histórico? Efectivamente no puede seguir reproduciendo la estructura orgánica del gran centro fabril, el obrero masa representa una mínima parte del actual tejido social, sino que debe adaptarse a la situación de fragmentación existente y, en cada lugar, a las condiciones que existan. El primer paso debería ser el crear organizaciones del partido dentro de cada una de esas nuevas organizaciones de base, allí es donde están las posibilidades de acción política, no para manipularlas y instrumentalizarlas, sino para dotarlas de dirección política, entendiendo la dirección política como la capacidad de transmitir propuestas, de dar ejemplo, promover debates, en definitiva, dotarlas de ideología. Una combinación de formas orgánicas sería la idónea: deberían subsistir las viejas organizaciones de las grandes fábricas aún existentes, con pequeñas células de militantes que trabajan en las distintas organizaciones sociales, militantes que practiquen la filosofía de la praxis, que debatan, teoricen y trabajen políticamente en la base. El problema está en que el trabajo de base es duro y que la derrota ha sido de tal magnitud que el proceso de reconstrucción va a ser muy largo y con muchas dificultades. No obstante, la paulatina agresión que la burguesía está realizando a los trabajadores occidentales, poco a poco, muestran una tendencia a que cada vez sea mayor el número de trabajadores descontentos con el sistema. Si los militantes de izquierda y Comunistas no trabajamos entre los trabajadores y estos sectores sociales para dotarlos de ideología, nos podemos encontrar con que terminen apoyando otras opciones anti-sistema que están en nuestras antípodas (el fascismo).

(…) Todo lo que suponga participar en el poder de las instituciones del estado burgués, si no es para combatirlo supone dar pasos hacia la destrucción, por eso, si no existe la fuerza social necesaria para transformarlo, debemos olvidarnos de luchar por el poder y empezar a construir contrapoder. Y en algún momento, los votos deben ser la expresión de ese contrapoder, de no ser así los cargos públicos seguirán siendo prisioneros del sistema.

José María Pedreño, 2002

Añade Valentín: El Espacio de Encuentro Comunista debe dar prioridad a la formación de cuadros y al debate, pero no para crear espacios de poder, sino espacios de trabajo en los distintos frentes de lucha dotando de ideología (dirección política) a las organizaciones de base para construir contrapoder, todos los recursos del Espacio de Encuentro Comunista deben volcarse en la construcción de la fuerza social.

Convocatorias

1936 – 2016, 80 años de resistencia obrera y popular

cartel 80 años de resistencia obrera y popular1936 – 2016, 80 años de resistencia obrera y popular.

sábado 16 de julio de 2016, 19:30h.

Casa Roja Lavapiés, C/ Encomienda 16 – Madrid.

Los camaradas de Iniciativa Comunista nos hacen llegar la siguiente convocatoria:

El día 16 de julio de 2016, a las 19,30 horas tendrá lugar un acto para reivindicar los 80 años de resistencia obrera y popular, desde el golpe de estado del 18 de julio de 1936 hasta nuestros días (resistencia durante el fascismo, la llamada “transición”…). No se trata de un acto meramente memorialista, con ser esto importante, sino también reivindicar la lucha de varias generaciones como una proyección de futuro. Contaremos con Daniel Fernandez Puente, profesor de Instituto en Historia y con Andreu García Rivera, Abogado y Presidente de la Cooperativa “El Otro País”

Redifusión libre


Lista de distribución del Boletín Rojo del EEC

Dirección de correo:

encuentrocomunista@yahoo.es

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