CRÓNICA VIVIDA DEL ENCUENTRO COMUNISTA DEL 26-S

Marat

“Un minuto de silencio en nombre de los camaradas asesinados por el franquismo el 27 de Septiembre de 1975. Y aunque esté fuera de ese minuto, toda nuestra solidaridad con el comunista Alfon, encarcelado por sus ideas y por su comportamiento combativo, y con los 500 sindicalistas que pueden llegar a ser juzgados por haber intervenido en las huelgas contra el capital y sus gobiernos durante estos años”. Así comenzaba la primera reunión del espacio de encuentro comunista el pasado 26 de Septiembre.

Una hora antes, desde las 10:30, había grupos de comunistas frente al portal del CAUM, donde iba a desarrollarse la reunión. Saludos efusivos, reconocimientos, personas que se ponían cara por primera vez, aunque hiciese tiempo que colaborasen juntos a través de las redes. Aunque sólo fuese por esto –el lado humano de la convocatoria- ya merecía la pena el encuentro

Pasaban los minutos y las caras de satisfacción por la afluencia de camaradas, la inmensa mayoría desconocidos, porque partíamos de un llamamiento desde la Red, se iban sucediendo.

Gentes de muy diversas zonas del Estado español iban llegando, preguntando, intercambiando palabras y teléfonos, complicidades tejidas a lo largo de los años y esperanzas con aquella convocatoria que podía iniciar la posibilidad de otra forma de tratarnos entre los marxistas.

Teníamos por delante una enorme tarea, la de levantar una nueva cultura de relación entre comunistas sin y con carné. Una cultura de encuentro, vocación de compartir, deseo de contaminarnos mutuamente para enriquecernos y aprender todos con cada aportación, capacidad de sumar y de poner por delante lo que nos une y dejar a un lado lo que nos separa, formación política, debate, apertura de frentes de lucha y capacidad de hacer atractiva la idea comunista a amplias capas de nuestra clase, la trabajadora.

Teníamos claro también que, si todo esto éramos capaces de transmitirlo y contagiarlo entre los sin y con carné, podríamos recuperar la fuerza y la presencia del discurso comunista como corriente política, ayudando a convertir lo que hoy se llama simplemente lucha antiausteridad o lucha social en auténtica lucha de clases.

A las 11.30, cuando se iniciaba puntualmente el encuentro, se cumplía matemáticamente lo que desde hacía días sabíamos en el grupo promotor del encuentro que iba a suceder: leno del local hasta la bandera, desbordando el aforo previsto inicialmente.

Mis camaradas del grupo promotor del espacio de encuentro comunista me habían elegido para presentar el acto. A lo largo de mi vida me ha tocado hacer cosas parecidas pero ésta era la primera vez que me sentía plenamente identificado con quienes habíamos puesto en marcha este proyecto y con el viaje que estábamos iniciando. En mis pasadas militancias siempre supe lo que me tocaba hacer pero también que aún no era aquel plenamente mi lugar, un ámbito con el que me sintiera completamente identificado.

Fijar posición ideológica de arranque era una necesidad del encuentro: lucha de clases, identidad y centralidad de la clase trabajadora en las luchas frente a conceptos ideados por la burguesía y admitidos por el reformismo como ciudadanismo, transversalidad,” gente” u otras vaguedades disolventes del antagonismo capital-trabajo, derribo del capital mediante proceso insurrecional y no fetichismo parlamentario, dictadura del proletariado, como dominación de clase frente a la de la burguesía, y construcción del socialismo. Esas eran las bases innegociables de las que partíamos y que fueron refrendadas.

En consecuencia, dejamos claro que Grecia era el punto de escisión entre socialdemócratas y comunistas en Europa y en España. Del mismo modo que en 1903 se produjo la ruptura entre mencheviques y bolcheviques. Ello independientemente de que el polo comunista tuviese aún mucho recorrido de construcción por delante.

No voy a cansarles a ustedes ni con mi intervención, ni con todos los temas que me tocó explicar antes de entrar en materia. Sólo les diré que esa materia versaba sobre una única pregunta lanzada, a quemarropa a los asistentes: qué entendía cada un@ de ell@s por un espacio de encuentro comunista.

Espacio-de-encuentro-comunista: sólo el nombre era toda una provocación. Luego descubriríamos que era un acierto.

Fue difícil comenzar a imaginar colectivamente qué diablos –algo no pensado antes desde un punto de arranque como el de los “comunistas independientes”- era tal cosa. Pronto nos dimos cuenta de que se llamaba complicidad, necesidad, búsqueda, posibilidad, otra manera de relacionarnos.

A la camarada Maite –del grupo promotor y valiosa militante comunista- le tocó plantear a la sala el interrogante sobre qué cuestiones podían actuar como palancas transformadoras de la realidad política y social que nos acercasen a nuestra clase, la trabajadora, que no es ni una acumulación indefinida de “ciudadanos”, ni un amasijo de “gente”, ni un conglomerado de transversales, sino la evidencia de que vivimos bajo la dominación del capital a la que los trabajadores (CLASE) han de combatir con la LUCHA de clases.

Y aquí fue donde yo perdí el sombrero porque se sucedieron múltiples intervenciones entre los asistentes al acto, a cuál más atinada y propositiva, desde la lucha ideológica hasta las cuestiones en las que los comunistas debemos centrarnos, pasando por los frentes de combate y de masas en los que debemos estar presentes o por el lenguaje necesario en 2015 para conectar mejor con nuestra propia clase y serle útil. Una comunista dijo algo que parece de Perogrullo pero que un marxista no debe nunca olvidar: que que no nos dirigimos a los trabajadores porque somos parte de ellos.

Por último Enrique, otro de los camaradas del grupo promotor, y auténtico animador del mismo, enfrentó a la sala al desafío de arrancar algunos apuntes sobre cómo organizar todo lo que habíamos planteado.

Suscitó múltiples intervenciones, desde cómo abordar un desarrollo territorial del espacio hasta cómo plantear la comunicación de éste, pasando por la organización en función de la realidad de cada grupo de comunistas de dicho espacio.

Entre esas palabras, las de Nicolás García-Pedrajas nos sembraron de sentido común, de reflexión inteligente sobre las necesidades organizativas y de propuesta en positivo, algo que ustedes conocerán cuando la web del espacio de encuentro comunista les dé a conocer una versión más operativa y menos embargada aún por el emocionado subjetivismo, algo en lo que no debe caer un marxista –pero “errare humanum est”-, de lo que ha sido la convocatoria del 26-S, que lo que éste que escribe les está transmitiendo. Yo aún ando bajo el síndrome del encuentro.

El camarada Enrique dejó por delante la necesidad de un segundo encuentro, éste ya de organización que se plantease cómo avanzar para atender a los desafíos políticos, ideológicos, militantes y de lucha. Porque, y lo dejó claro, nuestro fin es ese, el de la acción política revolucionaria.

Por en medio quedó olvidado, aunque no ignorado, algún intento de determinado sector de trasladar a la sala los conflictos de su organización de origen, lo que no era otra cosa que una lectura de la convocatoria en clave interna por parte de un grupo concreto y una mala comprensión de lo que es el espacio de encuentro comunista. Pero ni a la gran mayoría de los asistentes, ni al espacio de encuentro comunista ni a los convocantes del mismo nos compete ni interesa lo más mínimo entrar en cuestiones ni en luchas partidarias ajenas. Cada palo debe aguantar su vela.  Nuestra tarea es la de elevar el nivel de los comunistas, no la de entrar en cuestiones espurias ni en mezquindades o enfrentamientos que tienen en realidad muy poco de políticas e ideológicas y que no nos aportan nada.

Para mí ha quedado clara una cuestión fundamental: he tardado muchos años en lograrlo pero, al fin, estoy con los míos. Con los que es posible abrir camino a las ideas en las que creo, con fraternidad, comprensión, voluntad de acuerdo y posibilidad de construir una nueva cultura de relación entre comunistas y una propuesta que nos devuelva al protagonismo en la pelea.

Al acabar el acto, varios militantes del espacio de encuentro comunista hablamos con militantes de diversos partidos comunistas que asistieron al acto. La respuesta fue siempre la misma: “un acierto”, “algo que tenemos que cuidar”, “una idea sobre la que seguir trabajando”, “un avance frente a lo que hemos conocido antes”, “la mejor reunión en años”… Contemplar los rostros de satisfacción de tantos comunistas que habían asistido a la convocatoria, aceptado el formato de la propuesta, mostrado su actitud positiva y respetuosa en sus intervenciones y que habían expresado su deseo de que el inicio tuviera continuidad, nos señaló el sentido del camino para posteriores desarrollos de la propuesta y para la búsqueda de fórmulas de incorporación a la misma a los asistentes con ganas de sumarse a la tarea.

Ahora es cuando a este naciente espacio de encuentro comunista, en el que ya nos sentimos arropados tanto los que no tenemos carné como otros que lo tienen, tenemos por delante el auténtico desafío: organizarnos y ser capaces de identificar qué es lo que más le duele al capital y cómo conectamos con nuestra clase.

Pero, como decía Kipling, “esa es ya otra historia” y yo espero estar aquí para contársela

De lo tratado en profundidad de un modo más objetivo y menos vivencial van a tener noticias ustedes en muy breve tiempo. Pero yo quería hablarles hoy desde la piel, las sensaciones, el latir del encuentro y mi propia subjetividad; algo que no es muy marxista pero de lo que no debemos prescindir del todo porque atendiendo a Gohete, citado por Lenin, «la teoría es gris amigo mío, pero el árbol de la vida es eternamente verde».

Fuente: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2015/09/cronica-vivida-del-encuentro-comunista.html

Crónica del Espacio de Encuentro Comunista

Esther Díaz Pedroche (@EstherDPedroche)

Han pasado cuatro meses desde mi última entrada. No soy persona de método y sí mucho de sensaciones, experiencias y hasta pasiones. No espere nadie encontrar aquí algo objetivo, teórico, impersonal. No sé si por demasiado ego o por poco, el caso es que asumí ya hace tiempo que no soy capaz de parcelar casi absolutamente nada; por lo que mi vida política, personal, laboral, virtual suele entremezclarse a menudo. Dicen las mentes preclaras que eso es una carencia, porque el marxismo es análisis, rigor y propuesta científica. Sea como fuere, la que aquí escribe tiene la profunda convicción de que el comunismo nace, antes que nada, de la fraternidad, de la capacidad de empatizar, de ser capaces de ponerse en el lugar de los demás. Por eso, me rebelo ante la noción fría y descarnada que se pretende imponer del comunismo y apelo a la necesidad de unir razones y afectos, de ser humanos, demasiados humanos (parafraseando la obra de Nietzsche). Baste lo expuesto para aclarar que lo que aquí se cuenta es únicamente mi relato personalísimo del encuentro, ni más, ni menos. Además, después del desierto político por el que deambulo últimamente, me satisface mucho volver a sentir la necesidad de escribir y compartirlo. Allá voy.

Por fin llegó el 26 de septiembre. Llevaba tiempo esperando la cita, lo que en mí puede ser bastante contraproducente, dado mi irrecuperable talante adolescente. Muchas elucubraciones, demasiadas conjeturas, alguna esperanza y una curiosidad infinita. A todo esto había que sumar la parte humana, que como ya he dicho, para mí siempre es la esencial. Por fin iba a desvirtualizar a gentes que llevaba tiempo queriendo conocer, especialmente, a Vigne y a Marat. Así que me levanté con todas las ganas del mundo, pero también con todos los reparos habidos y por haber.

Llegué al punto de encuentro y comenzaron los saludos. Gentes con las que me reencontraba, gentes a las que ponía cara después de muchas conversaciones y gentes de las que no sabía nada, salvo que acudían a un encuentro que iba dirigido a comunistas. No deja de sorprenderme que, a pesar de toda la mala prensa y la propaganda en contra, siga habiendo gentes que se identifiquen como comunistas. Me sorprende, me alegra, me esperanza porque resistir es vencer y tal cual está el mundo hoy en día en el que el neoliberalismo (el liberalismo de siempre, por otro lado) va apoderándose de todo y de casi de todos, sin embargo, sigue habiendo “incautos” que defienden la necesidad del comunismo.

He de reconocer que mi tendencia al pesimismo existencial, la historia de las organizaciones comunistas y mi nula creencia en la posibilidad de un cambio real a corto o medio plazo me hacen ser excesivamente escéptica e incluso burlona cuando escucho ciertas palabras rimbombantes y ciertas expresiones. No puedo dejar de reivindicar la actitud política de ser de mortadela con aceituna, lo que me hace alejarme de algunos planteamientos porque los entiendo viciados por costumbres que creo que nos aíslan, más que otra cosa. No obstante, no ahondaré más en ello porque el caso es que, incluso a mi pesar, las sensaciones positivas iban aflorando de forma natural en mí.

Al principio, todo parecía lo de siempre: un grupo de gentes que cogen la palabra porque les encanta escucharse a sí mismos y, sobre todo, que el resto les escuchen y les admiren. Lo siento, pero en las reuniones políticas me da la impresión de que se escucha poco y se habla mucho. Pero me sorprendió gratamente que todos hablaran de forma positiva hacia la iniciativa. Es más, en algún momento aquello parecía una catarsis, se sentía la necesidad de reencontrarse con gentes semejantes, de saberse muchos más de los que siempre pensamos ser. Sólo eso ya es positivo y ya hacía que el encuentro mereciera la pena porque, como señaló una compañera, creo recordar que dijo llamarse Carmen, el capitalismo nos iba ganando por goleada porque nos había metido dos goles: el individualismo y el consenso. Y así es, si hasta los comunistas tienen problemas para empatizar y confraternizar, apaga y vámonos; puesto que, en mi modesta opinión, el comunismo nace de una idea básica: tomar conciencia de que juntos somos más fuertes y organizados podemos llegar a ser imparables. Por tanto, mal vamos si entre comunistas no somos capaces de ir tendiendo puentes y tejiendo redes.

Otra compañera de Granada hizo que por fin entendiera que aquello iba realmente conmigo. Era una comunista del ámbito rural y expresaba la necesidad de que los compañeros de Madrid entendieran lo difícil que es pensar y vivir intentando ser coherente estando en la soledad más absoluta.  Y llegamos así al mismo punto con el que  casi iniciaba la crónica, cuando os contaba que allí se podía palpar las ganas de encuentro, las ganas de saberse más, las ganas de poder construir un espacio que se identifique como comunista. Un espacio que reivindique con orgullo su historia de lucha, que haga visible la lucha de clases y se sitúe claramente de parte de los trabajadores y trabajadoras. De hecho, así comenzó el encuentro, con un minuto de silencio para recordar los últimos fusilamientos del franquismo, con una defensa de los sindicalistas que están siendo perseguidos y con un afectuoso recuerdo de Alfon. Como primera toma de contacto, pues, resulta muy positivo que la sala se llenase, que se quisiera seguir por ese camino iniciado y que se hiciera evidente que sólo desde lo colectivo podremos construir ese contrapoder necesario para enfrentarse al Capital.

Era el primer encuentro y está todo por hacer y construir, aunque yo salí con ganas de más y creo que la gran mayoría también. Me gustó el sosiego que muchos transmitían, las ganas de hacer las cosas sin prisa pero sin pausa, la apuesta por un espacio (me parece muy acertada la fórmula porque no encorseta y recalca la necesidad del encuentro, de practicar la verdadera camaradería) al margen de lo electoral y con la idea de poner el acento en lo concreto, en las luchas que tenemos la obligación de afrontar y de cómo afrontarlas. Por supuesto que queda muchísimo por hacer, pero empezar a caminar es a veces lo más costoso y esto ya se ha hecho.

Para terminar, no quisiera dejar pasar la oportunidad de apuntar una crítica que hago con la intención de que sea constructiva. Los espacios públicos tienen un sesgo patriarcal que debemos conseguir cambiar. Hace falta, para ello, más mujeres que se atrevan a participar y, a la par, buscar fórmulas que posibiliten que nosotras nos sintamos con el respaldo suficiente para atrevernos. ¿Cómo? No sé, no tengo ninguna varita mágica, supongo que será un tema de reflexión colectiva que deberemos abordar porque la revolución será feminista o no será.

Queda por tanto patente que es posible apartar los prejuicios, los recelos estúpidos y que ya va siendo hora de ponernos a practicar lo que decimos defender: la construcción colectiva del pensamiento y la unidad de acción. Seguimos.

Fuente: http://larepublica.es/2015/09/28/cronica-del-espacio-de-encuentro-comunista/

Así fue la primera reunión del Espacio de Encuentro Comunista del 26-S del 2015

Aunque el acto estaba anunciado para las 11:30 de la mañana, desde las 10:30 ya se reunían en la puerta del CAUM, en la calle Atocha, decenas de personas que no querían arriesgarse a quedarse sin sitio. Fue el momento de saludar a camaradas conocidos y también de poder poner cara a aquellos que habían contactado previamente por correo para el evento o a los que se seguía en Twitter desde hace tiempo pero nunca se había visto en persona. Lo que sí quedó claro desde esos primeros contactos fue la gran afluencia de camaradas de fuera de Madrid, que habían salido de madrugada para acudir al encuentro.

El acto comenzó puntualmente con el aforo del CAUM completo, incluyendo a aquellos que tuvieron que instalarse en las salas que rodean al salón de actos principal. Antes de comenzar con el orden del día programado, desde la mesa se propuso guardar un minuto de silencio en conmemoración del cuarenta aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. También hubo un recuerdo para los más de quinientos sindicalistas con amenazas de cárcel por participar en huelgas y, como no, al camarada encarcelado Alfon.

Presentación

El encargado de llevar el primer bloque del encuentro comenzó por aclarar varios puntos clave: quién era el grupo promotor del encuentro, qué lo motivaba, las orientaciones ideológicas de las que partían, las pretensiones iniciales y, finalmente, la estructura de trabajo durante la reunión que comenzaba. Además subrayaba que la intención no era celebrar una “liturgia” comunista, con oficiante y espectadores, sino llevar a cabo una reunión de trabajo colectivo y propositivo que permitiera a los comunistas recuperar empuje y avanzar.

El grupo comienza declarándose heredero de 1848 y del Manifiesto Comunista, de su estela en la Comuna de París, en la Revolución Soviética del 17, y en tantas revoluciones victoriosas o fallidas que jalonaron el siglo XX. Pero en ningún caso desde una postura nostálgica o autocontemplativa, sino desde una certeza de la vigencia presente y futura de una idea comunista que conserva toda su vigencia mientras existan explotadores y explotados.

Se hace especial hincapié en la necesidad de centrarse en lo que une a los marxistas de carácter comunista, no a los académicos integrados en instituciones y organizaciones socialdemócratas o social-liberales, puntos de unión que se resumen en cinco puntos: la lucha de clases, la centralidad de la clase trabajadora en las luchas, la dictadura del proletariado como dominación de clase, del mismo modo que la burguesía hoy impone la suya contra los trabajadores, el proceso insurreccional hacia el socialismo y, por supuesto, la construcción de una sociedad socialista. Frente a estos puntos centrales que deben unirnos a los comunistas, debemos colocar a un lado aquello que nos separa y nos está impidiendo avanzar.

En este sentido, Grecia merece ser destacada por haber marcado a día de hoy un punto de ruptura. Ha puesto de manifiesto los límites de la izquierda anti-austeridad que acepta los límites del juego parlamentario burgués. Más allá de lo que diga su programa, la aceptación del campo de juego ajeno y de sus reglas no pueden llevar más que a la traición, la frustración y la decepción. Grecia puede asemejarse dentro de la izquierda europea a lo que significó en 1903 la ruptura entre mencheviques y bolcheviques. Si nos limitamos a decir que Syriza nos ha fallado pero aceptamos que las reglas del juego son las mismas, nos estaremos equivocando radicalmente.

Los y las camaradas que han coincidido en el grupo promotor provienen de distintas experiencias. Hay gente que militó en el pasado en diversas organizaciones comunistas, comunistas que tienen una militancia sindical y también personas que no han militado previamente en partidos pero se sienten comunistas. Desgraciadamente la idea de que no se es comunista si no se está en un partido comunista comienza a no ser verdad si el partido no está a la altura de dar la respuesta adecuada. Y aún a pesar de ello, hay quien se reclama comunista y quiere organizarse. También convergen en el grupo diversas experiencias de la lucha social: desde la participación en la defensa de las conquistas democráticas amenazadas por este gobierno parafascista, pasando por la actividad sindical y también desde la lucha vecinal, ese terreno tan importante y sin embargo tan abandonado desde hace años al ciudadanismo y a las ideologías ajenas a la lucha de clases.

En este terreno del ciudadanismo se profundiza a través de una cita de Marx, cuando afirma que “la ideología dominante es la ideología de la clase dominante”. Las luchas sociales que apelan a “la gente”, a los ciudadanos o a la inclusividad son un producto de la propia burguesía que desgraciadamente ha comprado una gran parte de la izquierda. Un producto que esconde el hecho de que hay un sistema de producción concreto que genera un sistema de dominación concreto: todos somos ciudadanos y gente, pero unos son explotadores y otros somos explotados.

Entrando en lo que no es, el grupo aclara que no es una opción electoral ni parte con esa intención, ni siquiera a medio o largo plazo. Rechaza ser el salvavidas de los que saltan de una desaparecida opción electoral y buscan aferrarse a otra. Tampoco aspiran a ser una plataforma de grupos comunistas ni, por supuesto, algo detrás de lo cual haya un partido.

Desde la reflexión del grupo los partidos comunistas, aunque indudablemente necesarios, presentan actualmente deficiencias importantes. Es necesario fortalecer el espacio comunista desde la lucha ideológica, desde la formación política, desde el debate entre comunistas y desde la acción en la calle. Para poder efectuar esta labor es necesario que los comunistas que sí militan sepan diferenciar con qué perfil actúan en cada sitio: la pertenencia al espacio de encuentro comunista no es una pertenencia por cuotas, donde se acude “en representación de”, sino que se plantea como un espacio donde los comunistas acuden a compartir la reflexión, la formación, el debate y la lucha.

Una vez aclarados los orígenes e intenciones, se pasó a explicar el mecanismo con el que se iba a estructurar la reunión. El planteamiento giró alrededor de tres bloques de trabajo centrados en tres preguntas: ¿qué entendemos por un espacio de encuentro comunista?, ¿qué factores, políticas o propuestas pueden actuar de palancas que nos permitan ganar espacio ideológico o nos hagan ganar terreno entre la clase trabajadora? y ¿cómo nos organizamos para llevar a cabo las intenciones expresadas? Se abrirían turnos de palabra alrededor de cada bloque en el que todo el mundo pudiera aportar opiniones concretas y propositivas. Hay que resaltar que el gran número de asistentes hizo necesario limitar bastante el tiempo de cada intervención y, en contra de lo que suelen ser estas reuniones, la cooperación y la automoderación de los intervinientes hizo posible un gran número de palabras y un ritmo muy vivo en todos los bloques.

Bloque 1

Así pues, se pasó directamente al debate de la primera pregunta: ¿qué entendemos por un espacio de encuentro comunista? En total tomaron la palabra once intervinientes en esta sección y, aunque no siempre las intervenciones se centraban en la pregunta planteada, todas aportaron observaciones importantes al debate global. Recoger todas las intervenciones de manera concreta será objeto del acta, pero se puede hacer una recapitulación de aportaciones, en muchos casos expresadas por varios intervinientes.

  • Abrir un debate sobre la cientificidad del Marxismo (decir revolucionario es una redundancia) y combatir la mentira del fin de la historia y del no hay alternativa.

  • Poner coto a la colaboración de las organizaciones de nuestra clase en el apoyo a intereses de otras clases. En esta línea, imaginar una reforma a nuestro favor de instituciones como la Unión Europea o el Fondo Monetario Internacional es plantear un imposible. Hay que delimitar un espacio de intereses propio y pelearlo. Así mismo, poner en evidencia virus burgueses instalados plácidamente en la dinámica de la izquierda: el consenso, las primarias, etc.

  • No desvincular la reflexión de la práctica. No nos podemos reunir para debatir, sino para actuar.

  • Ofrecer apoyo a los pequeños grupos de comunistas que subsisten en localidades más o menos pequeñas de todo el estado. Diversos asistentes relataron su realidad en su municipio y su lucha en solitario para mantener la combatividad frente a la desmovilización y al descreimiento.

  • Explicar el pasado a la gente de la calle: ¿qué decisiones tomó la dirección comunista en la España del 75 y qué consecuencias tuvo? ¿cómo se explica la caída del bloque soviético? ¿quieren esos acontecimientos decir que el marxismo ha muerto?

  • Potenciar la formación y el análisis marxista. Incluso camaradas pertenecientes a organizaciones con medios, consideran que no disponen de textos con los que difundir la visión de clase en temas tan candentes como Syriza, Siria, etc.

  • Hacer el mensaje comprensible sin falsear las ideas. Aclarar, hacer ciencia, desmontar mentiras. Presentar el comunismo como posibilidad moral y real.

  • Sintonizar las ideas comunistas con los límites del planeta. Plantear el debate del trabajo: contra el productivismo, los trabajos no defendibles, etc.

También se escucha algunas críticas al encuentro o, al menos, lo que no debería llegar a ser. Alguna intervención incide en lo que ya aclaró el grupo promotor al principio: en que el encuentro no intentara derivar en partido. Por otro lado, un interviniente señala que la mera existencia del espacio puede distraer la atención del partido.

Finalmente, el mismo compañero que comenzó el acto, cierra el bloque con una breve recapitulación. Expone que en estos ocho años de crisis no hemos sabido colocarnos en el centro de la discusión política. Con carné o no, con carné de un partido o de otro, hay que pelear por estar en el centro de esa discusión. Varios partidos se reclaman “el partido” y entre ellos no son cooperativos y trabajan desde su centralidad interna. Debemos ser más humildes para encontrarnos teniendo claras las ideas fundamentales, lo demás no suma. Debemos tener la voluntad de contaminarnos unos a otros en el sentido positivo. Abrir una nueva cultura de relación entre los comunistas.

Bloque 2

La presentación del segundo bloque corre a cargo de otra integrante del grupo promotor. Si antes se ha hablado sobre qué ha traído a la gente hasta el encuentro y cómo entienden el espacio, la intención en esta nueva sección es la de recoger ideas sobre los temas que deben abordar los comunistas con mayor urgencia y cómo lograr en la práctica los objetivos que se marquen.

Se señalan un par de ejemplos sobre ideas que podrían generar un amplio consenso, pero desde la mesa se informa de que el grupo promotor decidió no lanzar una lista inicial a consideración para no condicionar el debate. En cualquier caso, es obvio que la discusión no se puede agotar en media hora, y tiempo habrá si el encuentro cuaja para establecer un debate extenso y riguroso.

Lo que sí se puede prever es que esta tarea a largo plazo será fundamental. La propia selección colectiva de los temas y la discusión plural sobre ellos puede dar una profundidad y un alcance que no podrían conseguir pequeños grupos. Se cuenta con que seguramente habrá quien tenga muy trabajado algún tema y pueda aportar gran parte del material sobre él, pero no habrá nada que no pueda ser enriquecido trabajando entre todos. También habrá que afrontar los riesgos del proceso: no sabemos cuántas sensibilidades distintas pueden converger en un lugar de encuentro como este, pero si son muchas, será necesario un esfuerzo de todos para identificar los temas que dividen y centrarse en los compartidos. A largo plazo, esta línea de trabajo podría fructificar en un programa.

Tras volver a solicitar a los asistentes concisión y automoderación, que tan bien funcionó en el primer bloque, se abre un turno de palabra en el que llegaron a intervenir 16 personas. Se aporta a continuación un resumen de las ideas expuestas, evitando repetir planteamientos ya recogidos en las aportaciones del primer bloque.

  • En clave interna: recuperar el marxismo revolucionario como guía entre los propios comunistas. Confrontar nuestro discurso al de la opción reformista.

  • Un punto de discusión bastante reiterado se centra alrededor de la clase. En varias intervenciones se aborda desde diferentes perspectivas: los valores de clase, la diferencia en el nivel de conciencia de una minoría y la mayoría que debería hacer la revolución, nuestro error al hablar de la clase en tercera persona, nuestro error al culpar a la clase en lugar de asumir nuestra incapacidad, el peligro del giro hacia el fascismo, etc.

  • Se plantean alternativas sobre la propaganda y sus métodos. Por un lado, la necesidad de aprovechar las redes sociales, como ha demostrado la convocatoria del encuentro. Por otro lado, el cómo llegar al gran número de los que no las usan o el planteamiento de las redes sociales como trampas que bloquean por exceso de información.

  • Se solicita también hacer una bandera de la defensa de los presos políticos que se encuentran encarcelados por las leyes represivas.

  • El ataque contra el europeísmo mal entendido y el espejismo de la UE democrática. Por otro lado, cómo afrontar la amenaza de la expulsión del euro, cómo combatir la idea de que fuera del euro no hay nada que hacer.

  • La imposibilidad de continuar con el sindicalismo de concertación.

  • Reivindicación de la república obrera tanto desde el punto de vista de la defensa de la memoria como desde el de planteamiento de futuro.

  • Denuncia de la guerra imperialista como amenaza global.

  • La defensa de lo público no porque sea mejor ni peor, sino porque no puede haber sociedad igualitaria sin una educación y una sanidad absolutamente públicas.

Bloque 3

Un tercer miembro de la mesa se encarga de iniciar el tercer bloque del acto. Comienza haciendo la confesión de que desde el grupo promotor existía el miedo de que el segundo bloque no fuera entendido y de que no aparecieran los temas básicos que desde ese grupo se habían considerado. Una vez escuchadas las intervenciones todas las dudas quedaron disipadas.

Aclara que cuando se hizo pública la convocatoria del espacio de encuentro comunista, la cantidad de correos recibidos hizo patente que la respuesta superaba las expectativas de los promotores, por entonces centradas en Madrid. Por eso la limitación del espacio, que casi queda desbordado, y la limitación del tiempo de las intervenciones, que se ha manejado con la colaboración de todos.

También se pone de relieve el que desde la mesa no se hayan tomado turnos de respuesta. Ello responde al hecho de que los promotores no consideran que tengan un punto de vista privilegiado ni ninguna receta mágica.

Por último, el compañero vuelve a destacar el respeto que se aplica a las organizaciones existentes y a su funcionamiento interno. Sin embargo, considera que eso no está reñido con que seamos capaces de ponernos de acuerdo en los mínimos de la acción política, entendiendo como mínimos aquello que no podemos perder de vista y que otros considerarían máximos: el objetivo de la dictadura del proletariado y el socialismo.

Ahora la pregunta a abordar es ¿Cómo hacemos aquello de lo que se ha hablado en los dos bloques anteriores?

La intención de la mesa es la de convocar una segunda reunión para ordenar todo lo que se ha estado discutiendo. Para ello se recogerán los contactos de los asistentes a la primera cita y se abrirá un período de inscripción por Internet.

Depende de todos los participantes tener el acuerdo mínimo, entendido en el sentido ya explicado, para la acción política e ideológica. En palabras del presentador: “Convocaremos una segunda reunión en la que saquemos un grupo de camaradas que coordine esto; no es algo que consideremos que sólo nos competa a los 40 que hemos empezado en el grupo promotor.”

Cuando se disponga de la confirmación de aquellos que quieren participar en el proyecto del espacio de encuentro comunista se buscará un espacio adecuado para albergar esa segunda reunión, una reunión en la que se deberá discutir cómo será la organización, como se respetará el espacio de los que ya están organizados sectorialmente, cómo será la comunicación territorial, etc. Una vez que de esa segunda reunión surja esa coordinadora, la comisión promotora dejará de existir.

La intención es que la estructura organizativa inicial sea pequeña y práctica, la estructura mínima para abordar los objetivos asumibles inicialmente, dejando el margen para una evolución natural cuando nuevos retos así lo pidan. En cualquier caso, no se trata de formar una comisión de dirección política, sino una coordinadora técnica organizativa.

Sin más introducción se abrió el turno de palabras del tercer bloque, bloque en el que se recogen 14 intervenciones.

  • En la línea expresada en el primer bloque, algunos intervinientes desearían que se tuviera en cuenta al pensar en la organización en la situación de localidades con un número de militantes más pequeño.

  • Se debe promover una insistencia en la formación. Cuando la gente tiene formación, adapta su experiencia de vida a lo que ha aprendido.

  • Varias intervenciones ponen de manifiesto la necesidad de una expansión territorial con su correspondiente organización. En una línea ya expuesta en el primer bloque, algunos intervinientes desearían que se tuviera en cuenta al pensar en la organización en la situación de localidades con un número de militantes más pequeño. También se expone la posible dificultad de algunos territorios para estar representados y los medios a usar para hacer una difusión más amplia de la convocatoria en todo el estado.

  • La revolución no se hace, se organiza. El grupo parte con unos puntos claros, tiene un objetivo final y dispone de un método de análisis imbatible: la metodología marxista, el materialismo científico.

  • Se recuerda la importancia de una serie de recursos y herramientas imprescindibles: fondos, web, reuniones, etc. También de aplicar técnicas de seguimiento: elaborar una hoja de ruta con objetivos asumibles e indicadores de si se cumplen. En cualquier caso, asumir un trabajo a largo plazo, no un plan impreciso del que la gente se desvincule en seis meses.

Al finalizar las intervenciones, retoma la palabra el introductor de este bloque de discusión para resumir los siguientes pasos a dar. Los contactos recogidos durante la reunión se usarán para hacer llegar el acta y convocar a la segunda reunión. Adicionalmente se establecerá un período para recoger por correo electrónico los contactos de más interesados en acudir a esa reunión.

Ya para cerrar, expresa su confianza en que la segunda reunión podrá ser convocada con una lista de asistentes que permitirá la búsqueda de un local adecuado. Esa segunda reunión contará además con la ventaja de los contactos que ya hemos establecido presencialmente y por correo para que pueda ser totalmente productiva.

Sobre la convocatoria por un espacio de encuentro comunista

Nicolás García-Pedrajas

Un grupo de personas con profundas convicciones ideológicas comunistas y de defensa de la clase trabajadora ha lanzado un llamamiento a construir un espacio de encuentro comunista.

La iniciativa parte de la clase trabajadora y tiene como objetivo que todas aquellas personas que se oponen al capitalismo, como sistema depredador que es, encuentren un punto de encuentro para trabajar.

Para aquellos y aquellas comunistas, y socialistas y anticapitalistas, que no saben qué hacer ante el avance imparable del capitalismo en su versión más descarnada creo que este encuentro puede ser la respuesta a qué hacer y dónde invertir el esfuerzo y el trabajo.

Desde aquí mostramos nuestro apoyo a la iniciativa. Estaremos el 26 de septiembre en Madrid.

Esta iniciativa no pretende convertirse en un partido político que compita en el espacio de los partidos comunistas ya existentes. Esta iniciativa lo que pretende es aunar los esfuerzos de la gente con profundas convicciones comunistas vengan de donde vengan con el objetivo de trabajar por la derrota del sistema capitalista que oprime a la clase trabajadora y destruye el planeta.

Es una iniciativa alejada del absurdo “aquí y ahora” que ha invadido muchos sectores de la izquierda. Sabemos que es un trabajo a largo plazo, pero también sabemos que solo así existe algún futuro para la clase trabajadora.

Reproducimos aquí el llamamiento:

Convocatoria por un espacio de encuentro comunista

La audiencia a la que va dirigida este texto no necesita que aportemos un repaso retrospectivo de los orígenes de la crisis económica. Tampoco buscan soluciones a ella en recetas keynesianas o en la vuelta a unos tiempos idílicos de capitalismo “amable”. Baste decir que escribimos para aquellos que saben que el problema es el capitalismo y que su solución exige su derribo y la construcción de una sociedad socialista.

Sin embargo, si el contexto económico no requiere de aclaraciones especiales, sí vemos necesario precisar la visión del contexto político que nos lleva a ponernos manos a la obra.

El estallido de la última crisis ha derrumbado en Europa los últimos restos del espejismo de Estado del Bienestar que inició su desmonte en los años 70. En los países del sur hemos vivido el problema con mayor intensidad al no partir de los mismos niveles de desarrollo que los del norte. La pérdida de la ilusión de ser (o llegar a ser) clase media y de que los hijos vivirán mejor que los padres desubica, a la vez que “indigna”, a amplias capas de la sociedad que no encuentran un sentido político en el que encajar su futuro.

El riesgo de que la mayoría de esos sectores tomase conciencia de su ubicación real en la estructura social y se reconociera a sí misma como clase trabajadora fue rápidamente atajado por el sistema. En algunos países ha bastado con la irrupción de la “tecnocracia”. En otros países con una tradición más combativa y con resistencias recientes más firmes eso no era suficiente: ocuparon el espacio con actores nuevos que arrastraron a los desubicados a un redil controlable. Tanto en Grecia como en España se puso en marcha el mismo mecanismo: la creación de formaciones populistas y ciudadanistas, que renuncian a la ideología, que niegan la clase, que afirman que el capitalismo puede funcionar si se le hacen unos ajustes, que hacen de la “democracia” una solución fetiche en sí misma.

Es hora de desenmascarar el mito de una clase media no patrimonial, ni propietaria de empresas o negocios, y que cree no ser trabajadora sólo porque unos sueldos más elevados que la media les permitieron acceder durante los años de crecimiento económico a unos niveles de consumo superiores al resto de asalariados. Esa falacia se cae cuando la crisis capitalista les ha resituado en un descenso de niveles de vida, han perdido sus puestos de trabajo o se han enfrentado a la abolición de muchos de sus derechos laborales. Pero es necesario dar, más allá de la testarudez de los hechos, la batalla ideológica por explicar cuál es la auténtica naturaleza de la relación capital-trabajo.

La lucha frente a esta maniobra no ha sido firme sino muy débil en lo ideológico y reformista en lo político. Las organizaciones de la izquierda institucional se han limitado durante décadas a denunciar las políticas del gobierno de turno, proponiéndose como alternativas gestoras de unas tímidas reformas que aliviasen las condiciones de sobreexplotación y prometiendo una salida progresista de la crisis. Nada que rompiese con los límites de la legalidad del sistema político y económico. Tampoco las diversas organizaciones comunistas revolucionarias, algunas de largo recorrido, han logrado conformarse en espacios de aglutinación de nuestra clase y de respuesta al capital. Cuentan con unos militantes imprescindibles, pero no consiguen la capacidad de crecimiento y acumulación de fuerzas que el momento demanda.

En esta situación, cuando los marxistas deberíamos haber conquistado una posición clave en las aspiraciones y la confianza de los desposeídos, nuestra situación es muy débil: no tenemos respuesta coordinada, no tenemos voz para llevarla a la calle y ni siquiera tenemos unidad de acción para superar esta situación. En unos pocos años, paradójicamente cuando más necesario es, el marxismo puede quedar fuera de la experiencia vital de las nuevas generaciones de jóvenes.

Estamos convencidos de que en estos momentos hay gran cantidad de personas de  identidad comunista que han abandonado las organizaciones en las que ya no creen sin por ello renunciar a sus convicciones. Marxistas que se niegan a continuar tapándose la nariz para participar en proyectos que ven vacíos de antemano. Exmilitantes con la suficiente formación y sentido crítico como para sentirse incómodos en asambleas en las que todo se está constantemente comenzando de cero y en las que se huye de la más mínima organización que multiplique las fuerzas y dote de estrategia a la lucha.

Creemos que juntos somos mucho más de lo que imaginamos. Por eso nos animamos a escribir este llamamiento. Partimos de la confianza en el compromiso de quienes nos negamos a aceptar como horizonte la falsedad de un “capitalismo de rostro humano”, desmentido por la cotidiana realidad en cada minuto de nuestras vidas, y que aspiramos a una sociedad emancipada de la opresión de clase. Confiamos también en su sentido de la responsabilidad para continuar el combate. Nuestra unidad es necesaria para movilizar a los trabajadores en la búsqueda de la alternativa al capitalismo.

Llamamos a todas aquellas personas, colectivos y organizaciones que saben que la salida de esta situación no está en limar las aristas del capital, sino en acabar con él; es decir, en la lucha por una sociedad sin explotadores ni explotados, en la lucha por una sociedad socialista. Planteamos la necesidad de una herramienta colectiva que nos permita la unidad de acción y un debate sobre las bases del marxismo, entendido éste en un sentido amplio que incorpore las aportaciones del leninismo y de otras corrientes que han enriquecido la teoría de la praxis.

No pretendemos hacer discursos grandilocuentes, estamos convencidos de la responsabilidad que afrontamos todos y todas. Proponemos ya un primer paso. Tenemos la necesidad de un espacio de encuentro común, en el que se puedan sentir cómodos todos los comunistas, tanto los que provienen de organizaciones como los que no. Será necesaria una buena dosis de generosidad, actitud y mente abiertas y voluntad unitaria para echar abajo los muros que aparentemente nos separan; unos obstáculos que muchas veces han sido erigidos por nosotros mismos. Debemos dejar respirar al marxismo como teoría viva y transformadora para que refuerce su condición de terreno fértil en el que se promueve el debate, la reflexión y la práctica, sin llaves secretas que dan la razón a unos elegidos. Un lugar donde analizar entre camaradas la nueva realidad, en el que la teoría dé respuesta a la lucha y sus formas y en el que construir la unidad de acción necesaria para alcanzar el éxito. Un espacio que, desde su nacimiento, se sepa parte de la lucha internacional contra el capital.

Ratificamos como una sola voz las últimas palabras de Rosa Luxemburgo: “¡YO FUI, YO SOY, YO SERÉ!”

Convocatoria del encuentro: Sábado, 26 de septiembre, 11:30 A 14 horas. C.A.U.M. C/ Atocha, 20 – 1º IZDA.

 

Fuente: http://www.nuevatribuna.es/opinion/nicolas-garcia-pedrajas/convocatoria-espacio-encuentro-comunista/20150920101354120329.html

Artículo colectivo: EL DESAFÍO DEL ENCUENTRO COMUNISTA DEL 26-S

Por Antonio Marín Segovia, Marat, Nicolás García Pedrajas, Vigne

Los blogueros comunistas que firmamos este artículo, comprometidos con el proceso que se abre el sábado 26 de Septiembre en Madrid para la creación de un espacio de encuentro comunista con vocación permanente, somos conscientes de los desafíos que dicha convocatoria ha de afrontar.

Nuestra aportación mediante este texto no es la de presentarnos como representantes del grupo promotor de dicho encuentro sino la de meras voces ocasionales que, siendo miembros del citado grupo, quieren contribuir a la necesaria reflexión que ha de producirse antes, durante y después de la mencionada fecha.

Entre esos desafíos no se encuentra el éxito en número de asistentes a la reunión del sábado 26 de Septiembre. Sabemos desde hace días que el interés que ha suscitado y la conciencia entre amplios sectores de comunistas del Estado español de la necesidad de una propuesta como ésta ha impulsado a muchos de ellos a confirmar su asistencia.

Pero el proyecto de crear un espacio de encuentro comunista, algo nuevo porque no nace impulsado por partidos de este pensamiento, sino desde la base y en gran medida por quienes hoy no están en un partido pero creen en la necesidad de que los comunistas sin y con carné se organicen, piensen, debatan, elaboren, mantengan entre sí relaciones de fraternidad y trabajen colectivamente con  la clase trabajadora en defensa de sus intereses, del derribo del capitalismo y de la construcción de una sociedad socialista, carece de antecedentes similares y de carta de navegación ya construida sino que ha de ser desarrollada entre tod@s nosotr@s.

El que entre quienes promovemos está convocatoria haya tanto quienes en el pasado militaron en alguna organización comunista, como quienes no lo han hecho nunca pero se sienten tales, como de personas que aún mantienen vínculos partidarios comunistas diversos, creemos que puede tener las virtudes de que ninguna organización en particular pretenda apropiarse de esta iniciativa y de que pongamos todo el esfuerzo para evitar cualquier tentación sectaria.

De igual modo, que la propuesta tomase inicialmente forma entre comunistas madrileños es algo puramente circunstancial, ya que fue en Madrid donde nació, en un primer momento, la convicción de la necesidad de este proyecto. Esto ha dejado a día de hoy de ser así y comunistas de distintas tierras del Estado español han hecho suya la iniciativa y se han incorporado al grupo promotor. Es de desear que en otros territorios que aún no lo han hecho vayan conformándose grupos de naturaleza hermana a este. Somos conscientes de que hay muchas personas con dificultades de desplazarse a Madrid y de que existen lugares en los que conformar grupos de comunistas conscientes es particularmente difícil. Sabemos que el grupo promotor estudia el modo que dé respuesta a esas aspiraciones. De momento, el ritmo de los tiempos y las capacidades humanas, siempre limitadas, sugiere que quienes se sientan aislados en sus territorios aporten al menos un apoyo difusor de la convocatoria y de los textos que la han secundado y avalado y se pongan en contacto con el equipo que coordina el proyecto (encuentrocomunista@yahoo.es).

Todo lo anterior plantea, en nuestra opinión diversos retos de distinta naturaleza; unos de tipo interno (propios del proceso), otros de tipo externo (cómo llegar a nuestra clase y abrir paso de nuevo al discurso comunista, en gran medida desaparecido durante todo este período de la crisis capitalista).

Retos de naturaleza interna

El primero de ellos tiene que ver con el modo en que quienes asistamos a dicha jornada, motor de arranque de un trabajo posterior que ha de ir construyéndose de modo progresivo y trabajoso, llegamos a la misma. Si lo hacemos en clave de asistir a un acto-mitin de afirmación comunista habremos fracasado desde el minuto 1. Este acto no puede ser concebido como una liturgia en la que los “sacerdotes” oficiantes declaman las bondades de la ideología comunista y los fieles asistentes aplauden y repiten fervorosamente partes del mantra ritual. El marxismo que nos une, como visión laica de la política, requiere de nosotros que abordemos esa reunión como una actividad de trabajo, reflexión y propuesta colectiva por parte de quienes asistamos a la misma: convocantes y convocados.

Otro desafío es el de comprender, asumir, interiorizar y definir bien entre tod@s qué es eso del espacio de encuentro comunista que queremos construir, cómo lo entendemos, qué implicaciones puede tener, en qué puede ayudar a devolver las ideas comunistas al protagonismo necesario y hoy perdido, de qué modo puede abrir paso a una nueva cultura de cooperación, apoyo mutuo y habituación a trabajar y luchar juntos los comunistas tengamos o no carné de partidos marxistas preexistentes.

Y a la vez creemos que debiéramos sortear el riesgo de confundir la defensa de nuestra ideología con el ideologismo reduccionista que calma los ánimos pero que no construye, que se encierra en sí mismo, que no llega a quienes debemos hacer comprensible nuestro proyecto de sociedad, que nos pudiera dividir (centrarnos en lo que nos une, apartar de momento lo que nos separe e impida avanzar) y que no extrae del marxismo todo su potencial emancipador de la explotación y la alienación humanas ayer, hoy y mañana.

En el lado opuesto está también la cuestión de diferenciar lo que dice ser comunista de lo que realmente lo es. No nos sirven las propuestas constituyentes, ni la interpretación de que la historia se cambia desde las instituciones burguesas, ni el lenguaje postmoderno y claudicante que renuncia al hilo rojo de nuestra identidad compuesto por conceptos como clase, lucha de clases, destrucción, que no reforma, del capitalismo o dictadura del proletariado, por citar sólo algunos ejemplos. No creemos compatible declararse comunista y seguir los modelos de las nuevas formaciones socialdemócratas europeas y españolas. No nos sirve tampoco el electoralismo, ni el ciudadanismo ni las apelaciones a conceptos amorfos como “la gente” o a mitos como el supuesto 99% contra el 1%, pretendiendo que ignoremos que la explotación capitalista tiene entre ese 99% su porcentaje de delegados de clases medias patrimoniales y empresariales que no necesitan ser grandes plutócratas para oprimir a la clase trabajadora.

Tenemos también por delante la necesidad de evitar caer en los vicios que se han ido instalando en la cultura política de muchas personas durante estos años: el ciberactivismo (con sus foros de entretenimiento y de debate por el debate) y las adhesiones de aluvión. La lucha está en la calle, la transformación social se hace en el mundo real y ello exige altos grados de compromiso y esfuerzo personales, incluso en la formación política de los militantes. No se trata de hacer bulto, de ser muchos sino de cualificarnos, de capacitarnos, de dedicarle tiempo y trabajo a la militancia y a la lucha de clases.

Debemos también abordar el reto de señalar a modo de apunte (una primera jornada no da para más) dónde están las palancas transformadoras de una lucha anticapitalista, y no sólo antineoliberal, hoy y de detectar que reivindicaciones conectan con las necesidades reales de nuestra clase. Ese primer apunte ha de servirnos de pivote y base inicial para un desarrollo analítico y propositivo posterior. Y, muy importante, es fundamental que entendamos que el acto del 26 de Septiembre no es una convocatoria circunstancial sino el inicio de un camino y de una tarea de largo recorrido, si existe voluntad colectiva para ello, por delante.

Retos de naturaleza externa

Hacer llegar nuestro discurso a nuestra clase exige tanto una capacidad didáctica y un mensaje sencillo y comprensible como un compromiso activo con sus necesidades y problemas, así como una presencia en sus principales luchas.

De nada nos serviría convertirnos en un grupo de propagandistas si no experimentamos y vivimos con la clase trabajadora su propia realidad y somos instrumento que contribuya y refuerce su autoorganización.

Debemos ser capaces de ser ejemplo útil que lleve a que los sectores oprimidos y golpeados por la crisis del capital sientan que los comunistas somos gente distinta, una fuerza que sea percibida como algo completamente diferente y ajeno a los partidos burgueses del sistema o a los reformismos que sólo quieren actuar como paliativos de los peores efectos de la crisis pero sin cambiar nada esencial de las causas ni del sistema que la ha creado.

De nada nos serviría reunir en torno a nosotros a unas decenas o centenares de militantes conscientes y luchadores si no somos capaces de traspasar el círculo inmediato de los ya convencidos para actuar como semilla de conciencia política entre nuestra clase, despertar de la misma, acumulación de fuerzas y rebelión. L@s trabajador@s deben llegar a ver en nosotros los comunistas el puño con el que ellos mismos golpean sobre sus enemigos de clase.

Ello va a exigirnos que seamos capaces de afirmarnos en nuestra identidad, que a la vez seamos abiertos en la relación con amplios sectores de la clase trabajadora menos consciente, que contemplemos el marxismo como teoría para iluminar nuestra tarea y no como farola a la que abrazarnos y, algo muy importante, que seamos conscientes de que las ideas no viven sin organización y que el coordinarnos y organizarnos del modo más eficaz y, a la vez, útil en relación con el tiempo que vivimos, es una necesidad imperiosa a la que tendremos que responder en un segundo encuentro.

Dar respuesta positiva a todos estos retos no es garantía infalible de éxito pero nos acercará, seguramente, un poco más a él. Ese es el gran desafío que se abre ante nosotros el mismo día 26 de Septiembre y a partir de él.

Qué no es y qué es el espacio de encuentro comunista.

Por Marat

Los comunistas que me conocen saben que no soy depositario de esencia ortodoxa alguna ni persona cerrada en mis posiciones.

Pero desde que un conjunto de comunistas de diversas procedencias y experiencias comenzamos a coincidir en la necesidad de crear un espacio de encuentro comunista y aquella idea fue tomando cuerpo en blogs, reuniones (muchas), documentos de trabajo y texto de convocatoria, hemos observado ciertos fenómenos que exigen clarificar a algunos lo que no somos, para que nadie se llame a engaño. Esto sin pretender definir previamente el campo de juego pero sí determinando a qué no vamos a jugar:

  •      No somos el orfanato de nadie que se haya quedado o se esté quedando sin referentes, siglas o partido. Eso dice muy poco de lo que cabe esperar de un comunista.
  •      No somos la agencia de colocación de quienes se hayan quedado sin cargos, salarios o posibilidades de promoción dentro de alguna organización en proceso de harakiri. Lo nuestro no es el parlamentarismo. Para ser más claro, la mafia de Ángel Pérez y sus mariachis profesionales de la política no caben aquí. Que prueben con Florentino Pérez, que igual les recibe un sirviente por la puerta de servicio pars decirles que “el señorito” no está en casa.
  •      No somos ninguna plataforma de grupos comunistas de cara a un proceso de unidad ni ante ninguna convocatoria electoral futura. Somos bastante menos ambiciosos. Nos conformamos con la reconstrucción del diálogo, la colaboración fraterna entre comunistas, la reconstrucción del discurso marxista, la formación de cuadros y la preparación de un espacio de intervención dentro de los procesos de luchas de clases. Casi nada.
  •      No somos ningún proyecto “ilusionante” para “la gente” ilusa. Somos un agrupamiento de trabajadores con conciencia de clase. Bienvenida sea la esperanza siempre que se asiente en el trabajo militante y en razones concretas que la justifiquen y no en el voluntarismo de quien espera que caigan las manzanas del árbol por su propio peso sin esfuerzo ni compromiso alguno en su recolecta.
  • No somos tampoco un grupo de dogmáticos con una concepción del marxismo encorsetado por 100 guiones y concebido más como una “fe del carbonero” que como una teoría viva para la praxis revolucionaria de agitar el mundo para cambiarlo de base. Cuando decimos en nuestra convocatoria que “debemos dejar respirar al marxismo como teoría viva y transformadora para que refuerce su condición de terreno fértilen el que se promueve el debate, la reflexión y la práctica, sin llaves secretas que dan la razón a unos elegidos” es precisamente porque eso es lo que pretendemos que sea la lectura del marxismo que debe hacer un comunista y no otra.
  •      No somos un partido virtual de ciberrevolucionarios ni vamos a propiciar el debate por el debate en ese gallinero llamado redes sociales, donde no se sabe quién es quién. El que se aburra que coja un libro o vea el “sálvame” político de La Sexta. El debate político en el seno de las organizaciones y en las asambleas pero con contenidos y objetivos concretos. Los bucles eternos que no conducen a ningún lado queden para los residuos de la “indignación”.
  •      No somos un proyecto ciudadanista, interclasista ni transversal. Defendemos en primer lugar los intereses de la clase trabajadora y la lucha de clases contra el capital. Las clases intermedias que se han visto estos años golpeadas por la crisis no nos son indiferentes pero tendrán que elegir en cuál de los dos campos se sitúan: el del capitalismo o el del socialismo porque van a ser cercenadas por el sistema. Y no vamos a supeditar la defensa de nuestra clase para sacar, en primer lugar, las castañas del fuego a la clase media, que fundamentalmente quiere volver a los buenos años dorados del consumo a crédito.
  •      No somos un proyecto que pretenda organizarse al margen de los partidos comunistas existentes para crear otro partidito más sino un lugar en el que comunistas con o sin partido puedan trabajar, debatir, pensar, formarse y elaborar juntos, sin partido guía y sin  organización de capillitas por cuotas de representación.
  •      No negamos, sino que afirmamos el carácter insurreccional de nuestro proyecto, la destrucción, no reforma, del capitalismo y la dictadura del proletariado, no esa necedad en la que han convertido el concepto de “hegemonía”  gramsciana los socialdemócratas y podemitas.

Puede que marquemos el terreno de debate algo más de lo que muchos esperan pero no deseamos que ninguna expectativa quede frustrada por una inexacta comunicación de cuáles son nuestras líneas rojas.

Si éstas les asustan a algunos, quédense con las syrizas españolas en su viaje a ninguna parte. Con una en Grecia y las consecuencias de su experimento de disidencia controlada de clase media ya tenemos de sobra quienes aspiramos a una sociedad socialista por y para la clase trabajadora y no a un “capitalismo de rostro humano.”. O con cualquiera de las marcas que el supermercado electoral les ofrece. Las diferencias principales entre ellas son de nombre y envase.

Cualquier intento de desembarco por parte de proyectos moribundos será cortado de raíz.

Marcadas estas líneas rojas, de lo que somos y lo que seremos queda todo por decidir. Que sea un proyecto abierto para un debate colectivo no significa que nos valga todo o que perdamos el tiempo al estilo de esos movimientos o partidos burbuja tan fáciles de pinchar por sus promotores en la sombra.

Fuente: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2015/09/que-no-es-y-que-es-el-espacio-de.html

Un punto de encuentro

En estos momentos el discurso comunista no goza de una mínima difusión en la sociedad. Los partidos comunistas de voto mayoritario en occidente enmascaran sus siglas dentro de coaliciones de marca blanca, defienden programas políticos y económicos de corrección del capitalismo y evitan en su discurso cualquier mensaje que pudiera ser interpretado como una salida de tono dentro de los límites impuestos por el sistema.

Esta precaución al hablar, quizás al pensar, se ha contagiado a la militancia. Y no hablamos de aquellos para los que el lenguaje ambiguo es una manera de medrar en busca de un sillón. Por desgracia, los comunistas de corazón que militan en la base o que simplemente participan en colectivos sociales son igual de cuidadosos a la hora de identificar su ideología, exponer abiertamente sus verdaderas aspiraciones, apelar a la clase trabajadora o defender las medidas que pueden abrir el camino a la lucha efectiva. Y, como sugeríamos anteriormente, parece evidente que esta moderación en el mensaje se ha instalado más profundo, que hemos cedido a la automoderación de objetivos o de pensamiento.

No vamos a entrar ahora en las causas del proceso que nos ha traído hasta esta situación, aunque tampoco vamos a asumir toda la culpa: es obvio que el sistema capitalista controla quién habla y qué se puede decir, y ello en una situación de total hegemonía desde que desapareció la Unión Soviética. Sin embargo, el objetivo del capital es la eliminación definitiva de todo rastro de ideología marxista y para ello el ataque ha entrado en estos momentos en una nueva fase.

La última crisis capitalista ha puesto abiertamente de manifiesto, especialmente en el sur de Europa, un proceso que venía gestándose desde los años setenta. La búsqueda incesante de una mayor tasa de beneficio traspasó hace tiempo los límites del crecimiento natural del capital. Tras recurrir a la liberalización, el endeudamiento y las burbujas especulativas solo queda concentrarse en el recurso clásico: la elevación desenfrenada de los niveles de explotación. La inevitable respuesta en la calle está siendo gestionada por dos vías: a la vez que se refuerzan de manera obvia las medidas represivas, se abren otros caminos más sutiles de reconducción institucional del descontento. Esta última es la función que han asumido partidos políticos como Podemos o Ciudadanos en España. El sistema capitalista no tiene ningún problema en aceptar formaciones que no cuestionen su modo intrínseco de funcionamiento. Si debe sacrificar a los actores que hasta ahora han protagonizado el juego parlamentario y reemplazarlos por dos fuerzas similares, no hay problema. Si por el camino el propio desencanto en los resultados de las nuevas formaciones revitaliza a las de siempre, tampoco pasa nada. Lo importante es que parezca que el problema estaba en el modo torpe o corrupto con el que se gestionaba el sistema, no en el sistema mismo; que, en definitiva, el sistema provee los propios mecanismos que lo corrigen.

Pero esta estrategia de reconstitución no se ha limitado a un mero reemplazo de actores: las nuevas formaciones, especialmente las que deben ocupar el espacio de la izquierda, han venido acompañadas de un armazón teórico que aspira a ocultar el enfrentamiento entre clases puesto de manifiesto por el marxismo. Ya sea que Podemos se convierta en el recambio del PSOE o, lo que parece más probable, asuma el papel de muleta que representaba Izquierda Unida, el hecho importante es que viene a reemplazar todos los referentes de la izquierda del último siglo. Para ello no han tenido que recurrir a novedosas teorías sociales o a intelectuales de prestigio. La debilidad de nuestra posición les ha permitido presentar como novedoso un refrito de tópicos mil veces utilizados desde el siglo XIX para engañar a la clase trabajadora. La autoridad intelectual la basan en “pensadores” de segunda fila que gustan de autoproclamarse “postmarxistas”, más por el prestigio de juntar su nombre al de Marx que por el hecho de haber aportado o rebatido una sola linea al pensamiento de éste.

La apelación al ciudadano frente al trabajador, el reemplazo del eje derecha-izquierda por el vertical del arriba y el abajo, la entronización de la democracia “radical” como origen de cambios en sí misma, la renovación generacional a favor de jóvenes tecnócratas “sobradamente preparados”, la nostalgia por un falso pasado idílico de protección social al que volver y el catálogo de recetas keynesianas que ya mostraron sus límites hace cincuenta años forjan un nuevo referente de falsa contestación que es el que van a asumir como propio tanto la “omnipresente” clase media desmovilizada como las generaciones que constituirán el futuro proletariado al que está aboca el mercado laboral de nuestro país. El sistema lo pone todo de su parte para darle un toque de atractivo canalla a este pastiche de recetas buenrollistas. Así, mientras en la práctica las formaciones novatas actúan obedientemente y hacen suyas las más duras recetas neoliberales, los telediarios no cesan de hacerles el favor de calificarlas de “izquierda radical”, con más intención de darles un toque de atractivo malditismo que el de desincentivar su expansión. En un sistema en el que los medios comienzan por invisibilizar cualquier opción a la que quieran bloquear, el eco mediático del que ha disfrutado una formación naciente como Podemos sólo nos puede hacer pensar en propaganda intencionada de una nuevo catálogo de valores, de una ideología descafeinada creada para reemplazar a la de la izquierda real. Si finalmente alguna de estas formaciones consigue acceder al gobierno, demostrando la nula efectividad de sus postulados, habrá quedado probado de rebote el fracaso práctico de la “izquierda radical”.

Pero no caigamos en el desánimo, intentemos ver este momento en el que estamos siendo atacados como una oportunidad. Por un lado, el intento de reemplazo ideológico es tan burdo y evidente que no puede sino favorecer la reacción de todos esos militantes con décadas de lucha a sus espaldas. Por otro lado, la ruptura en la cúpula de formaciones históricas, cegadas o infiltradas por las nuevas viejas ideas, favorecen el cuestionamiento de las bases, que pueden sentirse con más libertad de curiosear en nuevos espacios de encuentro. Por último, no deberíamos despreciar el potencial de tantos comunistas que en estos momentos no han encontrado un espacio en el que organizarse; muy posiblemente acudirán a una llamada de encuentro y trabajo.

Nos va en ello la pervivencia de una ideología que, con todo su bagaje teórico y práctico, necesita de la lucha para transmitirse. Afortunadamente no podemos quejarnos de no contar con experiencia histórica. Sabemos que el marxismo nos permite explicar lo que está ocurriendo en este mundo globalizado como ninguna otra teoría económica puede hacerlo. Sabemos que la lucha de clases es la válvula que permite el avance de la sociedad en un sentido o en otro. También sabemos, y aquí está el trabajo duro, que necesitamos de la organización de la clase trabajadora para poner estos conocimientos a pelear en favor de los propios trabajadores.

Pero vayamos poco a poco. Reconstruir una confianza y un discurso olvidado durante décadas debe ser una tarea de trabajo colectivo en la que participen y se sientan implicados el mayor número de camaradas posible. Requiere de un espacio de encuentro en el que podamos confluir y discutir con confianza y libertad, un espacio donde se hable en pie de igualdad se pertenezca o no a una organización, donde no exista la prisa por responder a una cita electoral, donde hacer confluir la experiencia y el entusiasmo evitando el dogmatismo y el voluntarismo. No menos importante sería el talante con el que afrontar un proceso como este: puede que algunos sientan, seguro que con motivos, que ellos y su organización siempre han transitado el camino correcto, pero en estos momentos la participación abierta y plural es la mejor garantía para un esfuerzo fructífero.

Un espacio de encuentro comunista tendría ante si un gran trabajo teórico. Mucho hay por analizar, discutir y elaborar, comenzando por la lista inicial de temas a tratar. Sirva como ejemplo cuestionable e incompleto: identificar a la clase trabajadora en la España del siglo XXI, la del nuevo proletariado y la preponderancia del sector servicios; elaborar el discurso que la haga patente a sí misma, contraatacando la desmovilizadora ficción de la clase media; explicar de manera accesible el capitalismo globalizado según la teoría económica marxista, etc. Para ello contaremos con toda seguridad tanto con aportaciones ya muy trabajadas como con ideas frescas que nos permitan acceder a sectores sociales o laborales hasta ahora descuidados.

Igual de importante sería identificar aquellas cuestiones prácticas en las que ensayar una unidad de acción: reconstrucción del mensaje comunista y de la confianza en difundirlo; restaurar el imaginario colectivo socialista como antagonista al imperante no-hay-alternativa; devolver a los trabajadores la confianza en su autoridad de clase, sin necesidad de estar mediada por politólogos o economistas; plantear una Europa de los Trabajadores frente a la Unión Europea y el euro, etc. Sirva también esta lista a modo de ilustración; busquemos entre todos las propuestas que nos unen, evitando atascarnos en aquello que pueda separarnos.

Sabemos que no sería una tarea fácil. Muchos estarán ansiosos de afrontar el reto. A otros les puede parecer frustrante empezar un camino con la impresión de que ya se ha transitado previamente. En realidad es una sensación engañosa, estamos afrontando la lucha que nos corresponde a nosotros y a nosotras en nuestro momento y en nuestro contexto. La rica experiencia de la que partimos nos ha enseñado que no existen atajos ni recetas mágicas, pero a cambio esa misma experiencia teórica y práctica constituye la mejor base desde la que volver a avanzar.


El presente texto nace como reflexión y aliento sobre una idea que ronda en varios blogs de izquierdas en los últimos meses: la convocatoria de un encuentro de militantes de base marxistas o comunistas, adscritos o no a un partido. Ha sido constante en el blog de Marat en los últimos meses, especialmente aquí y aquí, y también aparece en el blog del viejo topo, aquí. Actualización: ha aparecido otro texto que incide en la misma linea en el blog Agenda Roja, aquí.

autor:duval

fuente: https://cronicadeclase.wordpress.com/2015/08/28/un-punto-de-encuentro/